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Educación Laboral
Tarea pedagógica: Educar por y en el trabajo

 
Teresita Durán Ramos
Dra. en Pedagogía. Profesora de la FFyL. UNAM
tduran@paedagoguim.com

 

Introducción
De nuevo en referencia hacia la razón última de educar, en esta oportunidad me pareció necesario hilvanar algunas consideraciones en torno a aspectos tales como la educación para la vida y el trabajo, la calidad de vida como fin concreto de éste y su trascendencia a través de la integración de los aspectos emocionales y de sentido.Como ejemplo la creatividad,presente en toda empresa de transformación, recibe en el contexto de trabajo su statuto formal de creación para otros.

Además de las reflexiones que se anuncian arriba, el presente escrito busca dirigir el esfuerzo para que pueda definirse clara y lógicamente el concepto de educación laboral en nuestras comunidades académicas, sin que por ello la pedagogía resulte rehén de las exigencias enajenantes del mercado.

Educación y trabajo
La polémica ha existido desde siempre: educar, formar a los individuos, no debe verse circunscrito a que aprendan un oficio o una profesión de la cual vivir, pero este asunto de “ganarse honradamente el pan”, tampoco debe quedar fuera de lo que se considera educar o formar a una persona. Tradicionalmente la cultura y la educación habían sido un privilegio de las clases dominantes y para las menos favorecidas sólo quedaba el trabajo. La nobleza se relacionaba con el ocio y el disfrute de lo bello; la pobreza, en cambio, con el trabajo como maldición bíblica. En ciertos casos parece que nada de esto ha cambiado en realidad.

El trabajo con sentido educativo
Hoy resulta más imperioso que nunca concebir como tarea de todos el superar tal polaridad, puesto que el ser humano que aprende a vivir con sentido sabe que de su trabajo honesto depende, además de la obtención de sus satisfactores materiales, su salud mental, el equilibrio de su comunidad, grupo social, región, país y del mundo.

Es una realidad que la distinción entre trabajo intelectual y manual es cada vez más inútil, y que llevada a sus extremos es perniciosa y lleva a enfermar. A las consideraciones económicas acerca del trabajo, es necesario agregar la importancia de su papel como actividad humana formativa que lleva a auto trascender, es decir, a ir más allá de uno mismo.

Las relaciones entre la educación y el trabajo son muchas más que las enunciadas arriba, puesto que hoy en día los cambios tecnológicos han variado en gran medida tanto debido a las fuentes de información y los medios para acceder a ella, como por las implicaciones de todo esto en la formación para el trabajo. Vivimos una casi permanente revolución tecnológica y las relaciones entre educación y trabajo no pueden ser vistas al margen de ello.

En ocasiones anteriores nos hemos referido también, en estas mismas páginas, a cómo ha cambiado el ámbito laboral en sí, dado que en nuestros días la permanencia en una misma empresa o especialidad por mucho tiempo, o como era antes, para toda la vida, resulta una experiencia poco común.

De igual modo, así como la vorágine de los acontecimientos de todo orden que vivimos hoy afecta a los individuos y les exige una mayor capacidad de respuesta de transformación y adaptación a los cambios, la forma en que las organizaciones deben realizar sus tareas a fin de no verse perjudicadas por la evolución de los eventos es un asunto digno de tomarse en cuenta, ya que las organizaciones como creación humana son el espacio de crecimiento y logros tanto individuales como de grupo y su evolución impacta también la vida de las personas en lo particular. Esto requiere de organizaciones eficientes y con aptitud para adaptarse a situaciones nuevas, muchas de las cuales no será posible prever.Siendo éste un problema complejo, que se da en las organizaciones, es necesario comprender qué pasa dentro de ellas. Ya hemos comentado en oportunidades anteriores cuál creemos que sea el papel del pedagogo como administrador de instituciones educativas.

Hace mucho sabemos que nadie aprende solo, pero nunca como ahora estamos experimentando la necesidad de alcanzar más propositivamente el aprendizaje en equipo. Tanto la educación como el trabajo están implicados en esta visión de las organizaciones, sean éstas productivas o no.

Otro de los requerimientos puntuales de la época es el aprendizaje permanente como forma de vida, ante lo provisional y cambiante del conocimiento. El imperativo actual, por ende, es educar para el cambio, para la búsqueda de soluciones nuevas, en circunstancias inéditas. En este sentido, el binomio educación-trabajo se halla impactado con una mayor fuerza.

El trabajo, en tanto contexto distinto al de la escuela formal no deja, por ello, de ser también ámbito educativo; es deseable intentar que lo sea, puesto que todo lo que no educa -en el sentido de desarrollo máximo de las potencialidades de la persona- “des-educa”; es decir, adormece, detiene, frustra, desperdicia o en definitiva cancela el desenvolvimiento de alguna o algunas de estas capacidades.

Por más que la educación en y para el trabajo se proporcione fundamentalmente en la edad adulta, ello no significa que la tarea deje de ser pedagógica. Recordemos que “paidos” no sólo significa niño sino también “menor” en relación con el alcance de alguna meta de aprendizaje o dominio de alguna tarea.

Es durante la etapa del trabajo donde una persona puede acceder a mayor formación e información. Sin embargo, resulta evidente que aún persisten equívocos en cuanto a lo que significa egresar de una institución educativa de nivel superior o de formación técnica. Ingenuamente se le considera el fin, el término de la fase de preparación y el inicio de otra que sólo significará “aplicación de lo aprendido” y que durará toda la vida. En la extrema formalización y rigidez de algunos procesos educativos, aunada a la inmadurez afectiva y social con la que hoy acumulan años muchos de nuestros jóvenes, podemos encontrar la explicación a esto.

En ese mismo sentido, se hace necesario posibilitar que la pasión y compromiso con los otros y con el entorno común, estén presentes entre los principales motivos que animen al trabajo.De nuevo, al profesional de la pedagogía le corresponde -más que a ningún otro- profundizar en la reflexión acerca de la toma de decisiones que permitan reconocer la esencia del trabajo como actividad humana por antonomasia.

Habrá entonces que intentar cambiar -en principio- las creencias en torno al trabajo que en muchos casos subyacen y obstaculizan su función como factor de evolución humana, social y de la persona como un todo, y ésta es por supuesto, una tarea educativa.

Educación para el trabajo
En nuestro país, sobre todo durante las pasadas décadas de los años sesenta y setenta, se comenzó a encontrar frecuentemente la alusión hacia el tema de la sistematización, desde la escuela, de las tareas propias del ámbito laboral, siguiendo el discurso oficial de que sólo a través de una mayor productividad era posible remontar la condición de país “en vías de desarrollo”.

Por esos mismos años funcionaba la empresa ARMO (Adiestramiento Rápido de Mano de Obra) encargada de diseñar, desde una perspectiva neoconductista, los programas de capacitación que les fuesen requeridos desde los más diversos campos de la industria.

A partir de la creación del Sistema de Enseñanza Tecnológica7 y su antecedente más remoto en las distintas escuelas de artes y oficios en nuestro país, se busca más concretamente que la educación responda a los cambios y transformaciones de la economía y, por ende, del aparato productivo actual.

De Chicago, vía Berkeley, nos había llegado, a la generación de pedagogas (y uno que otro pedagogo) que nos formábamos en la Facultad de Filosofía y Letras, el furor cognoscitivista por la confección de los objetivos para la enseñanza y el aprendizaje. Recuerdo que en tres de las asignaturas que cursábamos durante ese segundo año de la carrera nos hallábamos revisando temas relacionados con la operacionalización de objetivos, la enseñanza programada y/o los niveles taxonómicos de Benjamín S. Bloom. Esta concepción de la llamada “tecnología de la enseñanza” era muy bienvenida en ámbitos laborales necesitados de operacionalización y sistematización, pero muy cuestionada en áreas sociales y humanísticas.

Eran los psicólogos, herederos de las escuelas Humano-Relacionista de la administración, generada por Elton Mayo, y Neohumano-Relacionista de McGregor, quienes se desenvolvían profesionalmente en el área de la capacitación. Se vislumbraba ya, sin embargo, un futuro nicho de actividad profesional para los pedagogos el cual en ese momento estaba ocupado por esos especialistas de la conducta formados fundamentalmente, por entonces, desde una visión definida como el más nuevo resultado de la cadena causal estímulo-respuesta.

Capacitación o educación
En ese ambiente, el vocablo capacitación era por supuesto el más adecuado. Se concatenaba de manera clara con el de lograr, como objetivo conductual, el “ser capaz de...” y enseguida debía anotarse un verbo que implicara una acción observable como: “nombrar”, “reunir”, “identificar”,“ rotar”,“enlistar”, etcétera.

El vocablo capacitación9 siempre estuvo -y está- más relacionado con el de capataz que con el de desarrollo de capacidades humanas de una manera consciente como autoconstrucción.

Habrá que tener cuidado con las traídas y llevadas competencias, tan de moda en estos momentos en nuestros ambientes institucionales y librescos, pues tienen, de pronto, ese mismo sentido incompleto y utilitario.

Educación laboral
El profesional de la educación concibe que su objeto de estudio es el fenómeno educativo en su conjunto y no el educando; éste, en tanto ser humano, es el sujeto de su propia educación, no “tabula rasa” donde escribe quien educa.

El trabajo, en el ámbito de la formación humana, no es sólo visto como la manera de obtener los satisfactores materiales que posibiliten la sobrevivencia,
sino que, en tanto actividad producto de la cultura, trasciende de ese nivel elemental para alcanzar el de acción y transformación del mundo.

Desde la óptica de nuestra disciplina hoy sabemos que no basta con “capacitar” a una persona en el manejo de cierto equipo o el desarrollo de determinada competencia concreta, que en la educación como fenómeno amplio y comprensivo de todas las áreas participa la totalidad de la persona. Aún en esta era de creciente automatización, los pedagogos y pedagogas no buscamos “capacitar” sino posibilitar que cada una de las personas -y en conjunto- accedan a estadios más elevados de desarrollo a través del trabajo, de su sentido, de su trascendencia humana a través de él.

Por todo ello, el concepto de educación laboral -que no capacitación- es el que compete a los profesionales de la pedagogía.

En el ámbito laboral: pedagogía o educación
En reiteradas ocasiones hemos subrayado -siguiendo al doctor Enrique Moreno y de los Arcos- la relación pedagogía/educación en tanto disciplina/ objeto de estudio. En esa lógica, no resulta extraño hablar de que la pedagogía es la ciencia que aborda el estudio del fenómeno educativo y la aplicación de sus leyes y principios a cualquier ámbito o contexto constituye práctica educativa.

Hoy día, en el Viejo Mundo se intenta recuperar, sobre todo en los espacios académicos y de investigación, el sitio que nunca debió perder el vocablo pedagogía, después de que se le ignorase por años, gracias al ominoso oscurantismo de algunos traductores de la lengua inglesa al español. Así, como consecuencia de este rescate del significado se habla, por ejemplo, de pedagogía laboral. Esta recuperación tendría que verse desde luego como una ventaja y un avance para el reconocimiento de nuestra disciplina y la construcción identitaria tan necesarias en estos tiempos; sin embargo, lamentablemente, ahora se comete el error inverso, pero error al fin. El hecho de que se hable hoy de los posgrados en pedagogía laboral en universidades de España y por ende de la necesidad de formar al pedagogo -también- para el ámbito de la empresa, parece justificar, para nuestros colegas allende el Atlántico, el que en rigor se sacrifique la lógica.

En síntesis
En estricto sentido habría que llamar a esta tarea: Educación laboral puesto que en efecto se trata de aplicar desde los diversos ámbitos de la pedagogía, como ciencia que estudia el fenómeno educativo, la reflexión sobre los fines, los principios teóricos y metodológicos, las técnicas de la educación y sus desarrollos instrumentales, a las particularidades del contexto en el que se realiza el trabajo. Promover que las personas construyan y reconstruyan permanentemente a lo largo de su vida productiva, su propio sentido humano -individual y social- a través del trabajo.

 
   
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