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Los Jóvenes Tienen la Palabra

 

A Propósito del VI Encuentro de Estudiantes...

 
Adriana Roque del Ángel
Estudiante de cuarto semestre. Licenciatura en Pedagogía.
FES Acatlán. UNAM
ady_pedagogia@yahoo.com.mx

 

Los seres humanos somos seres complejos, capaces de transformar el mundo utilizando nuestras habilidades en la construcción de cosas que en un principio sólo existieron en un sueño, en un deseo, en la imaginación, como algo abstracto, lejano, imposible…pero que gracias a que el hombre es un ser práctico, todos esos sueños pueden ser materializados ya sea en una bella melodía que al ser escuchada despierta a los recuerdos y a las emociones; en una hermosa pintura que al ser captada por el sentido de la vista se interioriza en nuestro pensamiento y nos lleva a la sensación de ser parte de ese momento representado por el artista en su obra de arte; en un libro donde se queden plasmados los ideales, objetivos, teorías, hipótesis, emociones, recuerdos, frustraciones o fantasías del autor y que hoy en día, gracias al invento del señor Gütenberg, son posibles difundir por todo el mundo, para que al llegar a manos de otra persona, todas esas ideas sean motivo de análisis, de reflexión, de inspiración…

Pero para que el filósofo, el pedagogo, el científico, el cocinero, el alfarero, el escritor, etcétera, actúen sobre el mundo, es necesario que haya una especie de fuerza interior que los motive, que los guíe, que despierte su imaginación, que los provoque, que los impulse a ser implacables en su creación, en sus acciones, en sus decisiones, en sus metas, en su visión de lo que pueden ser capaces de lograr.

De manera que así como en el “Simposio o del Eros” escrito por Platón, decidieron alabar a Eros, yo llegué a la conclusión de que en la fuerza interior que nos motiva, casi siempre está el amor por algo o por alguien. Para los amantes de la Pedagogía puede surgir la pregunta: ¿En qué consiste la fuerza interior alimentada por Eros que guía al pedagogo? Pues bien, la respuesta a esa pregunta aún no la tengo claramente, pero a lo largo de este ensayo pretendo realizar una reflexión que me permita llegar a la respuesta o por lo menos una aproximación a ella, basándome en mis conocimientos sobre Epistemología y Pedagogía.

Para tal efecto, quisiera retomar un pensamiento de Nietzsche donde habla sobre su perspectiva del filósofo como educador:

“...los auténticos filósofos son hombres que dan órdenes y legislan: dicen ‘¡así debe ser!’, son ellos los que determinan el ‘hacia dónde’ y ‘el para qué’ del ser humano, disponiendo aquí del trabajo previo de todos los obreros filosóficos, de todos los sojuzgadores del pasado, —ellos extienden su mano creadora hacia el futuro, y todo lo que es y ha sido conviértese para ellos en medio, en instrumento, en martillo. Su ‘conocer’ es crear, su crear, es legislar, su voluntad de verdad es —voluntad de poder”.

He aquí la clara muestra de dos cosas: la vinculación entre la educación y la filosofía y la gran importancia del filósofo en la sociedad para Nietzsche, ya que al determinar el hacia dónde del ser humano, su responsabilidad, compromiso y tareas aumentan significativamente y es entonces cuando toma sentido analizar las palabras de Platón cuando señala a la perfección de la virtud de la prudencia o sabiduría como el medio para lograr una correcta conducción del “carro alado”, es decir, del alma; o las palabras de Sócrates en el diálogo con Menón cuando hace ver que la duda hace laboriosos e inventivos a los hombres; o el pensamiento de Kant con respecto a que somos seres limitados, de manera que lo que nos rodea nos afecta y la concordancia con el mundo depende de saber qué soy y qué es el mundo.

Es necesario detenernos entonces, en el análisis de la relevancia de los ¿conocimientos? ya sea del filosofo, del pedagogo o de cualquier otro especialista, ya que su palabra rebasa la simple opinión, o como diría Platón, el nivel de la eicasia y la pistis.

Pero llegar al conocimiento de algo, no es fácil, de manera que tanto el filósofo como el pedagogo, haciendo uso de su razón como facultad reguladora que dicta reglas, son capaces de emitir juicios que van más allá de la explicación y descomposición del problema, ya que al determinar el hacia dónde y el para qué del ser humano, es necesario que emitan juicios extensivos, a los cuales Kant llama juicios sintéticos.

¿Pero a qué viene todo esto? Al hecho de que según Kant, la ciencia debe estar constituida por juicios sintéticos, de manera que quiero dejar entre líneas el problema epistemológico de la Pedagogía para aquellos que dicen que es sólo un arte y para aquellos que la reconocen como ciencia, aunque para mí es la disciplina que tiene por objeto de estudio la educación, entendiendo a esta como la facultad que le permite al ser humano formarse como tal, es decir, humanizarse, por lo cual considero que es necesario dejar atrás la concepción de la educación como la simple transmisión de conocimientos,
para concebirla como un proceso de humanización.

Es precisamente desde esta perspectiva donde toma sentido la condición teleológica de la formación humana como eje teórico y ético de la Pedagogía, ya que obliga al pedagogo a tener conciencia del para qué estoy educando lo cual implica tener un enorme sentido ético, moral, antropológico, filosófico y obviamente pedagógico.

De manera que así como Nietzsche hace énfasis en la importancia del filósofo como educador yo quiero hacer énfasis en la importancia del pedagogo como formador de los seres humanos, pues su función es contribuir a forma individuos críticos, analíticos y libres, que desarrollen todas sus potencialidades al máximo, lo cual no es tarea fácil. Cabría aquí citar nuevamente a nuestro querido Nietzsche cuando afirma lo siguiente:

“…si el barro y mármol son almas puras de los educandos, el educador como artista dionisíaco, los moldea, los crea, los transforma en obra de arte.Y no como obra de arte pasiva, sino trasformada, en transformación y transformadora…”

Cabe aclarar que si bien hasta el momento he abordado el término formación como paideia, es decir, la formación en el sentido griego y platónico, perspectiva desde la cual “educar equivale a moldear una persona conforme a la idea (eidos o esencia) del ser humano”, así como el alfarero trabaja con la arcilla, es de suma importancia recalcar que la formación también tiene un sentido dialéctico, donde el educador también va aprehendiendo nuevos conocimientos al momento de educar y se va enriqueciendo y reinventando a sí mismo.

Regresando a la pregunta inicial sobre la fuerza interior que motiva al pedagogo, yo creo que la clave está en sentir pasión por la Pedagogía, concibiendo a ésta no sólo como una disciplina sino como un estilo de vida que nos obliga a reinventarnos, a reeducarnos con el ideal de contribuir a colocar al hombre en mejores posibilidades de ser por medio de la educación, y que es capaz de reconocer fraternalmente a sus semejantes el mismo derecho y la misma dignidad, actuando así es como el artista dionisíaco que menciona Nietzsche, sin perder de vista el carácter dialéctico antes mencionado.

Sólo el compromiso de contribuir a la formación de sujetos que no sólo vivan la realidad sino que sean capaces de recrearla, de transformarla, de renarrar el relato, resumirlo y ampliarlo, puede hacer posible una praxis pedagógica adecuada.

Es entonces, en la pasión y compromiso antes mencionados donde como estudiante de Pedagogía, encuentro la acción de Eros ya que sin estos elementos perdería el sentido del por qué y para qué estoy estudiando esta carrera lo cual me ocasionaría un problema de identidad e incongruencia terrible.

Por otro lado, después de haber leído uno de los diálogos escritos por Platón, titulado “Menón o de la virtud”, considero que la idea de Sócrates sobre la importancia de indagar la verdad haciéndonos preguntas cons-tantes sobre nuestros conocimientos, puede constituir un principio importante en la formación del pedagogo para lograr cumplir con su misión.

Sé que quizá la respuesta anterior haya sido muy pobre ante el enorme sentido axiológico, filosófico, epistemológico y pedagógico que demanda la respuesta a la pregunta formulada al inicio de este ensayo, sin embargo, si algo aprendí de Sócrates fue la importancia de indagar la verdad, de manera que por el momento, mi respuesta está dada, y si a alguien al leer este ensayo no le parece correcta, considero pertinente citar nuevamente a Sócrates en el diálogo con Menón, para decirle: “…mi respuesta está dada; si no es justa, a ti te toca pedir la palabra y refutarla…"

En un esfuerzo por aterrizar todo lo anteriormente dicho en el pasado Encuentro Nacional de Estudiantes de Pedagogía y Ciencias de la Educación realizado en la Universidad del Golfo de México, campus Minatitlán, llego a la conclusión de que este evento constituye un espacio donde se materializa esa fuerza interior que a los estudiantes de Pedagogía nos impulsa a querer expresar nuestras inquietudes, a querer compartir nues-tras ideas, a querer
escuchar aquello que los futuros profesionales de la educación tienen que decir, y que nos lleva a la identificación como estudiantes de las mismas licenciaturas en la medida que nos reconocemos también en la diferencia con el otro.

El encuentro, da la posibilidad de hacer coincidir a cientos de estudiantes en un mismo espacio y coadyuva a nuestra formación profesional en la medida que permite conocer distintas visiones sobre los temas que se relacionan con la educación y que busca no solo generar el análisis y la problematización sino también generar propuestas para alcanzar la transformación de la sociedad partiendo de la formación de los sujetos que la constituyen.

Con la presentación de las ponencias y los talleres, no sólo se aumenta el capital lingüístico y teórico de los estudiantes, también se enriquece el panorama de todos los retos a los cuales nos toca enfrentar, por lo que siempre quedarán nuevas inquietudes que nos motiven a querer asistir al siguiente encuentro.

Finalmente, sólo puedo agregar que me entusiasma pensar en la idea de volver a coincidir el próximo año con estudiantes de Pedagogía y Ciencias de la Educación, sobre todo porque el reto que tenemos todos, es el de elevar el nivel de nuestra participación en el Encuentro, ya sea como organizadores, ponentes o asistentes, dejándonos guiar por esa parte del Eros que nos hace tomar la Pedagogía como un estilo de vida…

 
   
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