Susana Cela López
Lic. en Pedagogía. Facultad de Ciencias de la Educación
Universidad de Oviedo. España
susanacela82@hotmail.com |
El mercado laboral esta inmerso en
una situación económica capitalista,
que hace que los empresarios sometan
a sus empleados a situaciones al
límite. De todos es sabido que,
muchas personas de nuestra sociedad
actual, desempeñan actividades
laborales muy por debajo de su cualificación.
La formación por tanto no
cambia este aspecto, pero si, el tener
una buena cualificación, hace que
aumenten las posibilidades de mejora
y superación de los puestos de trabajo
que desempeñan las personas.
En general, la formación actualmente,
brinda las competencias necesarias
para insertarse y andar dentro del
mercado laboral, pero… esto parece
insuficiente.
Hablando de esta relación entre la
formación y el empleo, existen distintos
puntos de vista sobre si la planificación
educativa debe estar orientada
al mercado laboral.
Mientras los alumnos piensan que
esta planificación debe responder a
las necesidades y demandas del mercado
laboral, reformando los planes
de estudio para que estos estén más
ligados a los problemas con los que
se encontrarán al incorporarse al
mundo laboral, los empresarios, estiman
que los jóvenes poseen conocimientos
básicos necesarios sobre
aspectos técnicos del trabajo, con
ciertos desfases y carencias, sus habilidades
prácticas son insuficientes, y
sus valores, expectativas y orientación
para el trabajo, están sobre valorados.
Por una parte, las pequeñas
empresas devalúan la formación
otorgada por el sistema educativo y
exigen a la vez, mayor responsabilidad
de formación al sistema educativo.
Las empresas grandes, por otra
parte, consideran la formación diseñada
por las organizaciones sindicales
y empresariales inadecuadas, y
promueven una formación por parte de ellas mismas, con el peligro que
esto conlleva (intereses particulares).
Por otra parte, los profesores, son
desconocedores de las coordenadas
en las que se mueve la oferta y
demanda de trabajo, aunque si están
informados de la situación del mercado
laboral. Pero lo cierto, es que no
reflexionan sobre el significado de
esta información, siendo el profesorado
de formación profesional el que
tiene mayor conciencia de todo esto.
Las imputaciones hechas a la educación
formal, están en la línea de no
inducir a los jóvenes un “espíritu obediente”
para integrarles en la producción
sin cuestionarse su jerarquía.
La tradición académica
Si partimos de la idea de que el ser
humano necesita desarrollar su racionalidad
a través del conocimiento
científico, y por tanto, no se desarrolla
si su razón tampoco lo hace, surgen
críticas en torno a esta tradición.
No existe en el mundo un modelo
único de ser humano con el que compararnos
unos a otros. ¿Un ser humano
por no haber tenido contacto con
el conocimiento científico deja de ser
racional por ello? Vivimos en un
mundo en el cual la cultura puede
crear diferencias, puede hacer que
unos se vean más personas que otros,
más desarrollados y por tanto creerse
superiores. Pero, una persona analfabeta
puede ser tan racional como un
alfabeto.Se dice que ser racional, es el
modo mediante el cual, un ser humano
interpreta, evalúa y da explicaciones
a los fenómenos naturales y sus
relaciones de causa y efecto.Una persona
analfabeta puede dar explicaciones
a fenómenos tan válidas como
lo haría un alfabeto. ¿O es que dentro
de la historia de la humanidad no se
han producido errores y las teorías
aceptadas como verdaderas y únicas
durante siglos han tenido que ser
modificadas en el transcurso del
tiempo? El conocimiento por tanto,
no siempre lleva a la verdad, y puede
ser que una mente amplia, abierta, o
simplemente la intuición, aporte una
visión personal que nos lleve a ella.
Adentrándonos en la formación de
profesionales, la enseñanza nunca
puede ser una mera transmisión de
conocimientos, característica de esta
tradición. Se debe conseguir la construcción
de estos. Los docentes
deben facilitar situaciones de aprendizaje
a sus alumnos para que estos
en vez de asimilar la información sin
más, la construyan, y la razonen. La
enseñanza no debe ser entendida
como algo que ayude a los alumnos a
llenar sus “cabezas” si no como algo
que les ayude a ampliar y modificar
ideas, que les enseñe a pensar.Y para
esto, las relaciones deben ser de
constante interacción, nunca unidireccionales.
Que mejor manera que la
de poner y dar lo mejor de sí para que
las relaciones sean buenas, las exigencias
se acepten, ante los problemas
se colabore y sobre todo, las opiniones
sean respetadas y se discutan.
Porque el dialogo, la comunicación
más directa entre dos personas, es la
mejor forma de aprender y de construir
nuevos conocimientos, y sobre
todo, de hacer a los alumnos partícipes
de su propia educación.
Otro aspecto criticable de este discurso
académico, sería la evaluación. La
evaluación del aprendizaje de los
alumnos, no consiste sólo en aplicar
un examen y poner una calificación,
sino que debe ser el propio motor de
ese aprendizaje. No debe crear alumnos
que simplemente repiten la lección
del profesor, sino que debe crear
alumnos que entienden esa lección, y
que son capaces de construir y reflexionar
sobre ello.
En general, este enfoque, es un enfoque
antiguo, que debería ser, en los
tiempos en los que estamos, totalmente
inoperante. Hoy en día no se
puede pretender que los alumnos
almacenen una gran cantidad de
información sin más en su cabeza. Se
debe huir de este enfoque ineficaz a
mi modo de ver, para proporcionar a
todos los estudiantes conocimientos
sustanciales y metodológicos precisos
que ayuden a situarse y profundizar
en los problemas. Esto hace, que
haya que olvidarse del memorismo
con que antes de planteaban los procesos
de aprendizaje, si es que se
puede llamar aprendizaje.
Además, los conocimientos científicos
han crecido de tal manera, que
hacen que este enfoque sea imposible
e inapropiado, aprender a aprender
y a evaluar con espíritu crítico la
información recibida, resulta hoy en
día tan importante como el contenido
mismo de las diversas disciplinas.
La tradición técnica
En los seres humanos, no existe una
naturaleza buena, pero tampoco
mala como decía Hoobs, esto se va
haciendo a la vez que la persona se
desarrolla y lo que puede ser bueno
en un momento determinado, puede
ser malo en otro.
Esta tradición aunque tiene puntos
realmente interesantes (como la idea
que dice que el orden natural de la
evolución del aprendiz constituye la
base para determinar lo que hay que
enseñarle (Kliebard.1986)) y contribuye
a dejar de lado todas las características
anteriores de las tradiciones
más mecanicistas, puede ser muy criticable
ya que oculta los aspectos de
dominación y desigualdad, existentes
dentro de la sociedad. Como todos
sabemos, el hombre en libertad es
“devorado”por el hombre más fuerte.
¿Dónde está entonces la naturaleza
buena del hombre? ¿o quizás es el
mundo socializado el que nos aleja
de esta naturaleza y realmente nacemos
“buenos”? Si esto último realmente
fuera cierto, quizás esta tradición
sería una de las más
consideradas, pero seguiríamos con
colaborador invitado la incertidumbre de si esa naturaleza
buena que estamos desarrollando no
se podría convertir en mala en otra
situación o tiempo completamente
distinto.
Una formación de este tipo, que promueva
el desarrollo de las potencialidades
del estudiante y que lo eduque
en actitudes y valores, requeriría que
todas las personas formaran parte del
proceso formativo, algo que puede
resultar utópico.
En esta tradición además, se cae en el
peligro de que dentro de las aulas se
cree un ambiente de “buen rollito”.
Existiría una igualdad entre educador
y educando, una relación interpersonal
que podría recaer en una cierta
“confianza” del alumnado para convertir
al profesor en un igual, con las
consecuencias que eso puede llevar.
Pero lo que si es cierto, es que una
relación democrática entre profesor y
alumno, sincera, fluida y cálida, hace
que el educando se sienta seguro,
confiado y libre. El establecimiento de
un clima cordial en el aula y en el centro
desencadenará en el desarrollo
cognitivo y emocional del educando.
Quizás,el clima más favorable para un
buen aprendizaje sería aquel en el
que el profesor mezcle comportamientos
autoritarios, como en las
cuestiones más relevantes, con otros
más democráticos y flexibles, para los
deseos de sus alumnos, siempre
dependiendo de las situaciones.
Por último señalar, que en función de
mi experiencia personal, esta tradición
se ha visto impartida más bien
en nuestros primeros años de escolarización,
donde la educación muestra
una gran preocupación por el desarrollo
personal de los alumnos. Pero
esto va desapareciendo según
aumentan los años, esta característica
va desapareciendo, hasta convertirte
en uno más. Quizás habría que preguntarse,
si esto ocurre porque se
puede ir dando por concluido el
desarrollo personal del sujeto al
avanzar en los niveles educativos
posteriores. Pero… ¿el hombre no se
desarrolla a lo largo de toda su vida?
La tradición práctica
La tradición práctica, defiende la idea
de formación de un contexto práctico,
en un contexto laboral real. Por
tanto, los saberes se aprenden dentro
de la experiencia. Personalmente,
esta idea siempre ha sido verdadera,
cuando realizamos prácticas, nos
adentramos en el mundo de las personas
que trabajan aquello que queremos
aprender.Mediante la práctica
definimos mejor los conceptos,
desarrollamos habilidades, y se nos
permite enfrentarnos al mundo profesional,
y a nosotros mismos como
profesionales. Adquirimos experiencia
sobre el terreno, y nos damos
cuenta de lo que es realmente el
mundo laboral.
Las clases prácticas ponen al alumno
en contacto con instrumentos de
resolución de problemas y toma de
decisiones en casos concretos, que
les acercan a las situaciones reales.
Además, esta tradición plantea positivamente
que, como mejor se aprende,
es reflexionando sobre la propia
práctica, lo que permite mejorarla y
rectificarla según las necesidades que
se planteen, teniendo en cuenta que
los problemas no son siempre los
mismos.
Todo profesional que se precie tiene
que estar continuamente aprendiendo
de su trabajo, de su práctica profesional.
Hoy no se entiende al profesor
como un simple aplicador de programas
que diseñan otros profesionales.
La capacidad de investigar sobre la
práctica nos permite innovar en la
enseñanza y lo que es más importante
ser germen de una actualización
continua de nuestra actuación.
Un profesional reflexivo, siempre será
capaz de enfrentarse a las situaciones
cambiantes que se produzcan y a elaborar
estrategias adecuadas para
resolver cada uno de los problemas.
La reflexión sobre la práctica es el elemento
constitutivo de la competencia
profesional, en contraposición al
modelo de racionalidad técnica, ya
que muchas teorías no siempre funcionan.
El docente debe ser un investigador
en el aula, para quien su práctica
ha de convertirse en una fuente
permanente de conocimientos. Lo
importante en este proceso investigativo,
es lograr que en su experiencia
diaria, el practicante detecte problemas,
establezca supuestos, actúe,
reflexione, modifique y llegue a conclusiones
válidas sobre su propia
práctica.
Así por ejemplo, un profesor que
actúe como profesional reflexivo,
frente a casos particulares se arriesgará
a inventar y ensayar para modificar
rutinas y comportamientos indeseados
dentro de las aulas.
Y es que ante todo,para mejorar la calida
educativa, uno de los aspectos más
importantes, es que los profesionales
de la educación, sean reflexivos, autónomos,
que cuestionen sus prácticas,
que tomen decisiones y que implementen
nuevas acciones educativas.
La tradición crítica y post-crítica
La idea de la preocupación social, de
conseguir una sociedad más fuerte,
no dominada por la ideología dominante,
parece que nos acerca a una
sociedad más justa, más igualitaria.
Tratar en los contenidos temas sociales
como el paro, la pobreza, y en
general, conflictos sociales y políticos,
incide en desarrollar una conciencia
crítica tanto en los profesores como
en los alumnos.
Estas tradiciones, dedicadas a explicar,
por ejemplo, cómo la escuela reproduce las desigualdades sociales,
ayudan a entender la escuela, nuestro
papel dentro de ella y a luchar contra
las situaciones de desigualdad.
Otra ventaja de estas dos tradiciones
es, que a comparación con la tradición
práctica, se le da mayor importancia
a los contenidos, ya que son
fundamentales para desarrollar la
conciencia crítica. Los contenidos son
de carácter social y más global.
Además, si la tradición práctica se
cierra más en el aula como un instrumento
más de la institución escolar,
en las críticas, no se busca cambiar
sólo lo que pasa en el aula, sino que
también se busca un cambio social
impulsado en la relación entre compañeros.
En relación a esto, los prácticos
tienden a verlo desde una perspectiva
individual, y los críticos en
cambio, se centran en el grupo, ya
que individualmente no se cambia la
realidad, la conciencia crítica no se
puede hacer de forma individual.
Haciendo referencia a la característica
de las tradiciones post críticas, que
señalan un interés en los discursos
ocultos, marginados, aquellos que no
son reconocidos, se puede caer en la
paradoja de que “todo vale”.Cualquier
discurso, según esta afirmación,
podría ser válido, fuese el que fuese, y
siguiera los caminos que siguiera. No
importaría, porque todas las ideas
son válidas. Entonces, cabría la pregunta:
¿el discurso dominante es uno
más entre muchos y ha sido elegido
por conveniencia de unos pocos? o
¿el discurso dominante es dominante
porque o es el que mejor traza la realidad
existente en nuestra sociedad o
es el que conviene para una mejor
convivencia?
Quizás esto sea llevar al extremo
estas ideas,pero lo cierto es que, si no
se explica dónde está el límite, se
puede caer en ese riesgo. Puede ser
que esto no signifique que “todo
vale” sino más bien un “todo es posible”,
cualquier idea puede ser posible.
Muy diferente este matiz “puede”, al
“vale” sin más. Y es que lo bueno y lo
malo siempre ha estado ahí, lo que
entonces hay que hacer es saber
distinguirlo.
Conclusión
Para finalizar, sería interesante establecer
una combinación de los aspectos
positivos de cada una de las diferentes
perspectivas en rasgos
generales, pues se lograría dar
respuesta al interrogante de cuál es el
modelo ideal para la formación de los
profesionales.
Por ejemplo se requiere una fundamentación
académica sólida en un
campo del saber científico, como
plantea la tradición académica,pero a
la vez se tiene la necesidad de saber cómo acercar el conocimiento a los
alumnos, esto lo encontraríamos en la
perspectiva técnica de toma de decisiones
que nos presenta una serie de
herramientas y la forma de aplicarlas
en el momento justo, todo esto bajo
la idea de desarrollar a las personas,
como plantea la tradición personalista-
humanista.
De igual forma es muy válida la percepción
de los prácticos, ya que el
conocimiento sin la acción no tiene
sentido, por eso desde los primeros
meses se debería iniciar un plan de
prácticas sistemático que le permita
al estudiante estar en contacto con la
realidad, reflexionar sobre ella críticamente,
empleando así, sus conocimientos
tanto teóricos como prácticos
en beneficio de la problemática
social existente en la sociedad.
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