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El significado que se le da a exclusión
y su comprensión aún están muy
condicionados por el uso común de
la misma.
Como señala J.F.Tezanos (1999: 4):«La
expresión exclusión se ha popularizado
en los ambientes sociales y políticos
antes de fraguarse una teoría
sistemática sobre el tema. Como en
tantas ocasiones, la práctica cotidiana
ha ido por delante de la conceptualización
académica, y ahora es necesario
restablecer el equilibrio para
impulsar el desarrollo riguroso de la
investigación.»
Para Castel:«el término exclusión
habría que manejarlo con "infinitas"
precauciones» (Robert Castel,
1997:447).
Desde la perspectiva del ámbito de
las ciencias sociales y en la literatura
sobre el tema en nuestro país, no existe una definición oficial ni legislativa
de la noción de exclusión, a la
que podamos recurrir. Además cabe
destacar que de lo poco que hay se
encuentra aún mucha imprecisión.
Se desencadenan imprevistas crisis y
también innovaciones en el ámbito
de lo económico, se producen profundas
y aceleradas transformaciones
en el plano tecnológico (con su
incidencia en el mercado de trabajo
y en las relaciones de producción),
experimentamos los cambios en los
valores y pautas de comportamiento,
y asistimos también a los efectos
de los cambios habidos en la estructura
familiar. Los procesos de globalización
y mundialización parecen
invadir todas las dimensiones de la
vida social. Como vemos, y si por
algo se caracterizan el mundo y el
ámbito sociales en que se ha gestado
la necesidad del término «exclusión
» es por ser complejo y heterogéneo. Son múltiples los factores
que intervienen en las diferencias y
desigualdades sociales, así como en
las situaciones carenciales y de
pobreza que se distinguen en las
sociedades modernas.
Son también diversas las dimensiones
y perspectivas (económicas, culturales,
sociológicas) desde las que
hay que observar estas realidades, y
distintos y más o menos numerosos
los grupos y colectivos afectados.
Concedamos, por tanto, que a una
cosa compleja le corresponda, como
mínimo, una noción también compleja
y de amplio contenido. Para empezar
con la politización del hombre, no
debemos de perder de vista el carácter
excluyente y marginador del
modelo económico, el cual ha generado
una “dinámica de desigualdad”y
enfrenta a las sociedades a tensiones
y contracciones que desembocan en
crisis recurrentes.
En una sociedad dinámica, en continuo
cambio y desarrollo, como ésta
no debe sorprendernos que el progreso
acarree consigo cada vez más
exclusión. La exclusión va más allá de
la pobreza, es más global y se refiere a
aspectos que no están reflejados por
los indicadores económicos. Como
política gubernamental, el Estado,
pienso, toma una respuesta a la pregunta
¿para qué gastar en la educación
de aquellos que no emplearán,
así sea una pequeña porción de los
conocimientos que reciben? Puede
que opinen que “hay que ser racionales”,
seguramente los políticos, “y no
despreciar los recursos públicos que
por cierto son escasos”.
Con respecto al concepto de exclusión
encontramos que en el diccionario
María Moliner lo define como
«quitar algo a alguien de un lugar en
el que corresponde estar o figurar».
Añadir, igualmente, en este intento
de análisis semántico, que la preposición
inseparable,o prefijo, ex «denota,
según el diccionario, ordinariamente
fuera o más allá de cierto espacio o
límite de lugar o tiempo».
Como sus elementos básicos
encontramos en primer lugar, se
hace referencia a ideas (o a su correspondiente
situación) tales
como: carecer de, falta de, ausencia
de, estar apartado, estar fuera, no
pertenecer a, estar aislado de, ser
rechazado de, inaccesibilidad a.
Una expresión que recogen los estudiosos,
la de no participación, consideramos
posee la virtualidad de
incluir todos los contenidos de los
anteriores términos. El término participación,
por lo tanto, servirá para
explicar la situación contraria, la de
estar integrado en el grupo o comunidad.
Aquellas ideas de «carecer de»,
«ausencia de», etc. hacen referencia, a
su vez, a aspectos y situaciones particulares
de la vida social qué es ese
algo.
Se trata de: no participación.No participación
en el mundo del trabajo, en
dominios como la vivienda, en la educación,
la salud, protección social,
equipamientos públicos, en las relaciones
sociales. Se habla de estar
excluido del nivel de vida, el no
disfrute de los derechos, recursos y
servicios, oportunidades vitales, de
los que se disponen o se disfrutan en
la sociedad de bienestar social.
En segundo lugar,y como se afirmaba
en la definición de María Moliner, se
encuentra la idea de que se «carece
de», se está «apartado de», es decir,no
se participa en algo que el individuo
o el grupo ya «ocupaba» o en el que
les correspondía «estar o figurar».
El excluido, se afirma, es aquel que no
puede beneficiarse del status de ciudadano
(Tezanos, 1999: 20 ) ; y ese status
está constituido por la realización
práctica de los derechos y deberes de
las personas de una sociedad; otros
factores como el mismo Estado, el
modelo económico, su educación y
su cultura se han encargado de
despolitizarlo.
Estas cualidades son:
a) Su carácter multicausal y multidimensional
b) Su carácter procesual
Carácter multicausal y multidimensional
Señalaba antes que el concepto de
exclusión es amplio, es decir, que
podía referirse a varios aspectos y
dimensiones de la realidad social (de
carácter económico y estructural, y
socioculturales). Se desarrollan en
distintos ámbitos y desembocan en
situaciones de naturaleza varia.
Significa esto que al estudiar la situación
de exclusión de un individuo o
grupo el investigador debe aproximarse
a la misma teniendo en cuenta
los diversos factores intervinientes en
su surgimiento, captando, a su vez,
sus posibles y diferentes manifestaciones.
Por lo que se refiere a la concepción
procesualista de la exclusión social: el
que se conciba la exclusión como
proceso.
Inclusión educativa se refiere, a que el
educando permanezca en el aula
regular durante todas las oportunidades
de instrucción (ya sea que reciba
alimento de conocimiento, afectivo o
para el alma).
Lo primordial del proceso de inclusión
es la serie de principios que formula
y los valores que defiende, con
la finalidad de que el alumnado con
deficiencias sea visto como un miembro
valorado y que sea parte integradora
en la comunidad escolar en
todos los aspectos. Ello requiere una
amplia perspectiva educativa debido
a que se trataría de ver al sujeto como
potencialidad, esto es en su capacidad
de llegar a ser y llevando a romper
con sus propios yugos impuestos
por la cultura.
El concepto de inclusión está evolucionando
todavía; sin embargo, en
estos momentos el término puede
ser muy útil como un agente de cambio
conceptual, al indicarnos que no
basta con que los alumnos deben
participar en toda la vida escolar y
social de la misma. Esto significa que
las escuelas deben estar preparadas
para acoger y educar a todos los
alumnos y no solamente a los considerados
como "educables o normales".
No podemos dejar de considerar
que hay otros “educadores” del Estado,
con gran presencia en las masas y
que impulsan un tipo de cultura
chatarra.
La filosofía de la inclusión defiende
una educación eficaz para todos
sustentada en que los centros, en tanto comunidades educativas,
deben satisfacer las necesidades de
todos los alumnos, sean cuales fueren
sus características personales, psicológicas
o sociales (con independencia
de si tienen o no discapacidad). Se
trata de establecer los cimientos para
que la escuela pueda educar con
éxito a la diversidad de su alumnado
y colaborar en la erradicación de la
amplia desigualdad e injusticia social.
De esta manera, la educación inclusiva
enfatiza la necesidad de avanzar
hacia otras formas de actuación, en
contraposición a las prácticas que
han caracterizado la integración
escolar. Por eso, la inclusión asume
que la convivencia y el aprendizaje en
grupo es la mejor forma de beneficiar
a todos, no sólo a los alumnos etiquetados
como diferentes.
Es por ello, que la inclusión queda
entendida como el ideal que no se está
llevando a cabo. Para construir una
educación de la inclusión, se requiere
de abordar nuevas concepciones
como:
a) Nivel cognitivo. Desde esta concepción,
la inclusión implica aproximarse
al conocimiento de las necesidades
educativas a partir de las
teorías sobre los procesos de desarrollo
y aprendizaje.
b) Nivel emocional. Desde la concepción,
es considerar una verdadera
pedagogía de la inclusión, implica
interpretar las aptitudes que surgen
en la práctica y determinar acciones
para el cambio. Entra aquí en juego la
capacidad que los individuos tienen
de empatizar con el otro.
c) Nivel funcional. Implica operar
estrategias, recursos y adaptaciones
curriculares, especialmente la capacidad
para orientar al personal de las
instituciones, de las comunidades,
con relación a las personas, ya que
cuentan con características diferentes.
La educación incluyente es una ruptura
epistemológica la cual presenta
una alternativa que pretende superar
la sustantivización de sujeto y objeto,
mostrando que la producción del
mundo social tiene lugar como un
juego de relaciones entre el habitus y
el campo. Mediante el habitus, las
estructuras sociales se graban en
nuestra mente, de manera que cada
individuo muestra una serie de disposiciones
o tendencias a pensar,actuar,
sentir, dependiendo de las condiciones
objetivas y de las determinaciones
sociales de su existencia.
El escenario educativo es un espacio
ambivalente, contradictorio, de desigualdades,
pero también de oportunidades,
que para enfrentarlas implica
comprender y aprehender el
proceso cultural y educativo del
grupo y actuar de acuerdo con el
contexto; para ello es necesario formar
personal docente con un enfoque
diferente al actual, así como también
es necesaria la actualización del
personal docente en servicio en
todos los niveles.
Conclusión
La exclusión remite a la disgregación
entre las personas dando como resultado
al individualismo, mientras que
la inclusión remite a la coalición entre
los sujetos.
Sartre rechaza la existencia de una
naturaleza espiritual o física que
pueda determinar nuestro ser, nuestro
destino, nuestra conducta. Para él
“el hombre en su origen es algo indeterminado,
y sólo nuestras elecciones y
acciones forman el perfil de nuestra
personalidad”. Por ello la educación
debería ser el medio propicio para la
inclusión, sin embrago, ha sido el
conducto para que hoy en día se esté
dando la exclusión.
Trabajar por la inclusión educativa es
un reto que implica no sólo un conocimiento
académico, sino que requiere
también una profunda comprensión
y tolerancia de las diferencias.
Implica conocer con métodos pedagógicos
proactivos de intervención
que verdaderamente impacten en la
escuela, de tal manera que la integración
y la inclusión educativa se constituyan
en una fuente de transformación
y generación de alternativas en
el proceso enseñanza–aprendizaje.
La inclusión educativa es una filosofía
que “debería”, llevarse en la práctica
en vida cotidiana, de forma que
dignificara y politizaría al ser humano,
sin embargo su valoración se ve
afectada por las circunstancias que
ocurren al interior de una sociedad,
ya sea en su cultura, en lo económico,
y en lo político.
Exclusión e inclusión tienen una coexistencia
en la vida, las podemos
encontrar en todo momento materializadas
como circunstancias, acciones,
y en algunos casos como formas
de vida.
Elevar la calidad de la educación llevaría
a hacerse cargo de la transformación
de la educación para favorecer
procesos de aprendizaje que contribuyan
a formar individuos criticos y
reflexivos, con la capacidad de comprender,
explicar y criticar su realidad,
con capacidades para relacionarse
con otros respetando la diversidad y
pluralidad para buscar y crear nuevos
caminos.
Todo esto no implica necesariamente
desechar la riqueza que es el conocimiento
acumulado en información,
pero significa una utilización crítica.
No significa cancelar lo ya descubierto
o suprimir toda certeza o toda
práctica ya probada, sino promover el
descubrimiento, la duda, la capacidad
problematizadora, la crítica de la propia
existencia. En pocas palabras:
Valorar la realidad.
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