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DIVERSITAS

 

Educación Incluyente vs Excluyente

 
Erik Flores Zavala
Lic. en Pedagogía. FES Acatlán. UNAM
jah_Erik@yahoo.com.mx

 

El significado que se le da a exclusión y su comprensión aún están muy condicionados por el uso común de la misma.

Como señala J.F.Tezanos (1999: 4):«La expresión exclusión se ha popularizado en los ambientes sociales y políticos antes de fraguarse una teoría sistemática sobre el tema. Como en tantas ocasiones, la práctica cotidiana ha ido por delante de la conceptualización académica, y ahora es necesario restablecer el equilibrio para impulsar el desarrollo riguroso de la investigación.»

Para Castel:«el término exclusión habría que manejarlo con "infinitas" precauciones» (Robert Castel, 1997:447).

Desde la perspectiva del ámbito de las ciencias sociales y en la literatura sobre el tema en nuestro país, no existe una definición oficial ni legislativa de la noción de exclusión, a la que podamos recurrir. Además cabe destacar que de lo poco que hay se encuentra aún mucha imprecisión.

Se desencadenan imprevistas crisis y también innovaciones en el ámbito de lo económico, se producen profundas y aceleradas transformaciones en el plano tecnológico (con su incidencia en el mercado de trabajo y en las relaciones de producción), experimentamos los cambios en los valores y pautas de comportamiento, y asistimos también a los efectos de los cambios habidos en la estructura familiar. Los procesos de globalización y mundialización parecen invadir todas las dimensiones de la vida social. Como vemos, y si por algo se caracterizan el mundo y el ámbito sociales en que se ha gestado la necesidad del término «exclusión » es por ser complejo y heterogéneo. Son múltiples los factores que intervienen en las diferencias y desigualdades sociales, así como en las situaciones carenciales y de pobreza que se distinguen en las sociedades modernas.

Son también diversas las dimensiones y perspectivas (económicas, culturales, sociológicas) desde las que hay que observar estas realidades, y distintos y más o menos numerosos los grupos y colectivos afectados. Concedamos, por tanto, que a una cosa compleja le corresponda, como mínimo, una noción también compleja y de amplio contenido. Para empezar con la politización del hombre, no debemos de perder de vista el carácter excluyente y marginador del modelo económico, el cual ha generado una “dinámica de desigualdad”y enfrenta a las sociedades a tensiones y contracciones que desembocan en crisis recurrentes.

En una sociedad dinámica, en continuo cambio y desarrollo, como ésta no debe sorprendernos que el progreso acarree consigo cada vez más exclusión. La exclusión va más allá de la pobreza, es más global y se refiere a aspectos que no están reflejados por los indicadores económicos. Como política gubernamental, el Estado, pienso, toma una respuesta a la pregunta ¿para qué gastar en la educación de aquellos que no emplearán, así sea una pequeña porción de los conocimientos que reciben? Puede que opinen que “hay que ser racionales”, seguramente los políticos, “y no despreciar los recursos públicos que por cierto son escasos”.

Con respecto al concepto de exclusión encontramos que en el diccionario María Moliner lo define como «quitar algo a alguien de un lugar en el que corresponde estar o figurar». Añadir, igualmente, en este intento de análisis semántico, que la preposición inseparable,o prefijo, ex «denota, según el diccionario, ordinariamente fuera o más allá de cierto espacio o límite de lugar o tiempo».

Como sus elementos básicos encontramos en primer lugar, se hace referencia a ideas (o a su correspondiente situación) tales como: carecer de, falta de, ausencia de, estar apartado, estar fuera, no pertenecer a, estar aislado de, ser rechazado de, inaccesibilidad a.

Una expresión que recogen los estudiosos, la de no participación, consideramos posee la virtualidad de incluir todos los contenidos de los anteriores términos. El término participación, por lo tanto, servirá para explicar la situación contraria, la de estar integrado en el grupo o comunidad. Aquellas ideas de «carecer de», «ausencia de», etc. hacen referencia, a su vez, a aspectos y situaciones particulares de la vida social qué es ese algo.

Se trata de: no participación.No participación en el mundo del trabajo, en dominios como la vivienda, en la educación, la salud, protección social, equipamientos públicos, en las relaciones sociales. Se habla de estar excluido del nivel de vida, el no disfrute de los derechos, recursos y servicios, oportunidades vitales, de los que se disponen o se disfrutan en la sociedad de bienestar social.

En segundo lugar,y como se afirmaba en la definición de María Moliner, se encuentra la idea de que se «carece de», se está «apartado de», es decir,no se participa en algo que el individuo o el grupo ya «ocupaba» o en el que les correspondía «estar o figurar».

El excluido, se afirma, es aquel que no puede beneficiarse del status de ciudadano (Tezanos, 1999: 20 ) ; y ese status está constituido por la realización
práctica de los derechos y deberes de las personas de una sociedad; otros factores como el mismo Estado, el modelo económico, su educación y su cultura se han encargado de despolitizarlo.

Estas cualidades son:
a) Su carácter multicausal y multidimensional
b) Su carácter procesual

Carácter multicausal y multidimensional
Señalaba antes que el concepto de exclusión es amplio, es decir, que podía referirse a varios aspectos y dimensiones de la realidad social (de carácter económico y estructural, y socioculturales). Se desarrollan en distintos ámbitos y desembocan en situaciones de naturaleza varia.

Significa esto que al estudiar la situación de exclusión de un individuo o grupo el investigador debe aproximarse a la misma teniendo en cuenta los diversos factores intervinientes en su surgimiento, captando, a su vez, sus posibles y diferentes manifestaciones.

Por lo que se refiere a la concepción procesualista de la exclusión social: el que se conciba la exclusión como proceso.

Inclusión educativa se refiere, a que el educando permanezca en el aula regular durante todas las oportunidades de instrucción (ya sea que reciba alimento de conocimiento, afectivo o para el alma).

Lo primordial del proceso de inclusión es la serie de principios que formula y los valores que defiende, con la finalidad de que el alumnado con deficiencias sea visto como un miembro valorado y que sea parte integradora en la comunidad escolar en todos los aspectos. Ello requiere una amplia perspectiva educativa debido a que se trataría de ver al sujeto como potencialidad, esto es en su capacidad de llegar a ser y llevando a romper con sus propios yugos impuestos por la cultura.

El concepto de inclusión está evolucionando todavía; sin embargo, en estos momentos el término puede ser muy útil como un agente de cambio conceptual, al indicarnos que no basta con que los alumnos deben participar en toda la vida escolar y social de la misma. Esto significa que las escuelas deben estar preparadas para acoger y educar a todos los alumnos y no solamente a los considerados como "educables o normales". No podemos dejar de considerar que hay otros “educadores” del Estado, con gran presencia en las masas y que impulsan un tipo de cultura chatarra.

La filosofía de la inclusión defiende una educación eficaz para todos sustentada en que los centros, en tanto comunidades educativas, deben satisfacer las necesidades de todos los alumnos, sean cuales fueren sus características personales, psicológicas o sociales (con independencia de si tienen o no discapacidad). Se trata de establecer los cimientos para que la escuela pueda educar con éxito a la diversidad de su alumnado y colaborar en la erradicación de la amplia desigualdad e injusticia social. De esta manera, la educación inclusiva enfatiza la necesidad de avanzar hacia otras formas de actuación, en contraposición a las prácticas que han caracterizado la integración escolar. Por eso, la inclusión asume que la convivencia y el aprendizaje en grupo es la mejor forma de beneficiar a todos, no sólo a los alumnos etiquetados como diferentes.

Es por ello, que la inclusión queda entendida como el ideal que no se está llevando a cabo. Para construir una educación de la inclusión, se requiere de abordar nuevas concepciones como:

a) Nivel cognitivo. Desde esta concepción, la inclusión implica aproximarse al conocimiento de las necesidades educativas a partir de las teorías sobre los procesos de desarrollo y aprendizaje.

b) Nivel emocional. Desde la concepción, es considerar una verdadera pedagogía de la inclusión, implica interpretar las aptitudes que surgen en la práctica y determinar acciones para el cambio. Entra aquí en juego la capacidad que los individuos tienen de empatizar con el otro.

c) Nivel funcional. Implica operar estrategias, recursos y adaptaciones curriculares, especialmente la capacidad para orientar al personal de las instituciones, de las comunidades, con relación a las personas, ya que cuentan con características diferentes.

La educación incluyente es una ruptura epistemológica la cual presenta una alternativa que pretende superar la sustantivización de sujeto y objeto, mostrando que la producción del mundo social tiene lugar como un juego de relaciones entre el habitus y el campo. Mediante el habitus, las estructuras sociales se graban en nuestra mente, de manera que cada individuo muestra una serie de disposiciones o tendencias a pensar,actuar, sentir, dependiendo de las condiciones objetivas y de las determinaciones sociales de su existencia.

El escenario educativo es un espacio ambivalente, contradictorio, de desigualdades, pero también de oportunidades, que para enfrentarlas implica comprender y aprehender el proceso cultural y educativo del grupo y actuar de acuerdo con el contexto; para ello es necesario formar personal docente con un enfoque diferente al actual, así como también es necesaria la actualización del personal docente en servicio en todos los niveles.

Conclusión
La exclusión remite a la disgregación entre las personas dando como resultado al individualismo, mientras que la inclusión remite a la coalición entre los sujetos.

Sartre rechaza la existencia de una naturaleza espiritual o física que pueda determinar nuestro ser, nuestro destino, nuestra conducta. Para él “el hombre en su origen es algo indeterminado, y sólo nuestras elecciones y acciones forman el perfil de nuestra personalidad”. Por ello la educación debería ser el medio propicio para la inclusión, sin embrago, ha sido el conducto para que hoy en día se esté dando la exclusión.

Trabajar por la inclusión educativa es un reto que implica no sólo un conocimiento académico, sino que requiere también una profunda comprensión y tolerancia de las diferencias. Implica conocer con métodos pedagógicos proactivos de intervención que verdaderamente impacten en la escuela, de tal manera que la integración y la inclusión educativa se constituyan en una fuente de transformación y generación de alternativas en el proceso enseñanza–aprendizaje.

La inclusión educativa es una filosofía que “debería”, llevarse en la práctica en vida cotidiana, de forma que dignificara y politizaría al ser humano, sin embargo su valoración se ve afectada por las circunstancias que ocurren al interior de una sociedad, ya sea en su cultura, en lo económico, y en lo político.

Exclusión e inclusión tienen una coexistencia en la vida, las podemos encontrar en todo momento materializadas como circunstancias, acciones, y en algunos casos como formas de vida.

Elevar la calidad de la educación llevaría a hacerse cargo de la transformación de la educación para favorecer procesos de aprendizaje que contribuyan a formar individuos criticos y reflexivos, con la capacidad de comprender, explicar y criticar su realidad, con capacidades para relacionarse con otros respetando la diversidad y pluralidad para buscar y crear nuevos caminos.

Todo esto no implica necesariamente desechar la riqueza que es el conocimiento acumulado en información, pero significa una utilización crítica. No significa cancelar lo ya descubierto o suprimir toda certeza o toda práctica ya probada, sino promover el descubrimiento, la duda, la capacidad problematizadora, la crítica de la propia existencia. En pocas palabras: Valorar la realidad.

 
   
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