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La Cuestión del Héroe y el Honor

 
Ana María Valle Vázquez
Mtra. en Pedagogía. Profesora de la FFL. UNAM
anavallev@gamil.com

 

1. Idea de héroe en Homero
En la Ilíada la areté anthropine se evidencia en el espíritu heroico. Los héroes homéricos buscan siempre honor y gloria a través de su fuerza, bravura, valor y proezas. Los héroes de este poema representan tanto al antiguo héroe micénico como al héroe aristócrata de la edad del hierro. Eran nobles dedicados a las acciones bélicas, se les consideraba los señores de la guerra que no eran sometidos por nadie salvo por la ley divina, la cual formaba parte de su propia vida. Los nobles guerreros conformaban un grupo de iguales que establecían relaciones simétricas entre ellos. Eran considerados los áristoi, los mejores de entre todos, y eran designados los kalós kagathós que indica belleza física y bondad en el obrar. Su belleza implicaba tener extraordinaria fortaleza en brazos, agilidad y velocidad en las piernas así como una piel fresca. Y su bondad se caracterizaba por tener una perfección en su actuar. Estos guerreros tenían un impulso colérico en el combate, mostraban tener gran dominio de sí y una aguda inteligencia. Por lo que puede decirse que los kalós kagathós representarán la belleza moral. Los kalós kagathós lo eran por nacimiento y rango. Es decir, los héroes eran una elite de individuos que pertenecían a la nobleza dedicada a la guerra, eran aristócratas terratenientes del Heládico reciente y de la edad del Hierro. No obstante, en la concepción de héroe, no bastaba haber nacido noble sino que era necesario distinguirse por el valor guerrero. De tal manera que la idea de héroe en la Ilíada, adoptada por la Paideia, considera la belleza y la bondad en función de la realización de actos bélicos.

La diferencia que había entre los combatientes áristoi y los demás guerreros radica en que aquéllos son combatientes que arriesgan su vida en cada enfrentamiento y prefieren cambiar una larga vida mortal, por una vida eterna. Su vida sólo era para realizar grandes hazañas bélicas y morir gloriosamente en el combate. Los héroes, dice Vernant , se distinguen porque realizan con éxito los actos osados que han decidido emprender donde dichos actos ocurren en los momentos decisivos que aseguran la victoria del combate y restablecen el orden. El mismo autor menciona que la razón de la victoria no se encuentra en el héroe sino fuera de él “…no logra lo imposible porque es un héroe; es un héroe porque ha conseguido lo imposible…” .

Los héroes permanecen en la memoria social a través de las narraciones que se hacían de sus proezas en la poesía oral. La poesía recoge la leyenda que elevó al héroe a un nivel de grandeza sobrehumana. De tal manera que la epopeya sirve como un instrumento educativo con el cual se presentan los modelos extra-ordinarios de hombres y de vida. Vernant dice “…la tradición oral, la palabra poética, al celebrar las hazañas de los guerreros de antaño, los arranca del anonimato de la muerte […] gracias a su constante rememoración al hilo de la recitación épica, convierte a estos desaparecidos en “héroes ilustres” cuya figura […] refulge con un brillo que nadie puede debilitar…” . La Paideia considera a los héroes homéricos de la Ilíada como los modelos ideales de conducta. El aedo fungía como el portavoz que transmitía la gloria de los héroes, la fama de dicho ideal humano, convirtiéndose en el educador de la Paideia. A través de la palabra poética los héroes deificados permanecían en la memoria social y servían como contenido en la transmisión cultural ejercida por la Paideia. Los aoidói, como Homero, no eran simples divulgadores de la gloria de los héroes, sino intérpretes creadores de la tradición . Es decir, que Homero como poeta, configuró los cimientos sobre los cuales se construyó la tradición, la Paideia y en este sentido puede ser visto, también como educador.

1.1 Héroe pastor y héroe fiera
Dentro de la concepción del héroe homérico reconozco principalmente el desarrollo de dos aspectos: la idea del héroe pastor de su pueblo y la del héroe fiera. Ambas ideas se ilustran claramente cuando Diomedes es herido por Pándaro en el canto V de la Ilíada. Primero Pándaro exhortó a los troyanos a continuar la lucha aprovechando la herida de Diomedes y más tarde es Atenea quien incita al hijo de Tideo a continuar en la lucha.

“…[Diomedes] fue a meterse entre los combatientes de las primeras líneas; […] ya entonces un coraje arrebatóle tres veces tan enorme, como al león al que un pastor que guarda en el campo sus lanosas ovejas ligeramente hiriera cuando saltado había por encima del aprisco, pero no lo domara…”

Con el párrafo anterior podemos identificar lo siguiente: Diomedes y Pándaro son héroes de la guerra de Ilión; Diomedes está representado como la bestia que responde con furia ante una herida y, Pándaro es el pastor que cuida celosamente a su rebaño. De esta manera la idea del héroe se configura por dos cualidades: por un lado, el héroe cuenta con una gran fuerza y destreza físicas comparadas a la energía salvaje de una fiera y, por otro, el héroe es protector, cuidador y guía de su gente.
Dado que Agamemnón, como rey de los aqueos , tiene la función de proteger a sus tropas guerreras, puede decirse que este noble guerrero de la Ilíada es el principal representante de la cualidad del héroe pastor. Obtiene su autoridad como rey directamente de Zeus. Es el símbolo de la realeza humana y de la nobleza heroica. Él dirigía a las huestes micénicas que eran las mejores y las más numerosas, según señala Homero en el canto II. El mismo Príamo sostiene que Agamemnón es un guerrero enorme, un aqueo valiente, alto, hermoso y digno, siendo ésta la representación de un rey-guerrero-pastor aqueo. No obstante, dicha idea de rey-guerreo de la que goza el Atrida, es cuestionada por Diomedes en el canto IX “… a ti […] a medias te dotó el hijo del dios Crono el de tortuosa mente; por el cetro te dio el ser honrado por encima de todos, mas no te dio valor…” Es decir, que a Agamemnón se le atribuyen cualidades de héroe pastor de su pueblo pero no se le otorgan cualidades propias del héroe fiera.

Homero otorga características de héroe fiera a Aquiles, en el canto XX de la Ilíada, cuando masacra a los combatientes troyanos.

“…Con la lanza golpeó a Dríope en la mitad del cuello […] A Tros […] con su espada corta en su hígado desde cerca un golpe le descargó […] A Equeclo le hirió en mitad de la cabeza con su espada […] A Rigmo le acertó en la mitad del cuerpo con su venablo, y en el bajo vientre se le clavó el bronce…”
Es evidente que Aquiles, debido a su amplio dominio en las artes bélicas, es por mucho superior al resto de las huestes aqueas y troyanas. Los troyanos huyen despavoridos ante la furia salvaje del Pelida. La gran fuerza y destreza físicas, propias de una bestia, hacen que este guerrero configure la idea de héroe fiera. Así se aprecia que los héroes aristócratas terratenientes, los kalós kagathós, realizaban matanzas sanguinarias que los introdujeron en un mundo de violencia y muerte, excluyéndolos de su comunidad originaria. Es decir, la atribución por excelencia de los héroes homéricos en la Ilíada, tanto pastor como fiera, los obliga a alejarse de un estado de paz en comunidad para permanecer en un estado de guerra, en el que se aprecian y necesitan los combates singulares. Este ideal heroico representado por los kalós kagathós y considerado como modelo educativo en la Paideia, obliga a los aristoi a separarse de su comunidad para conseguir su propia gloria.

El héroe, al separarse de su comunidad, se encuentra en una posición limítrofe respecto de ella, ya que el mundo del héroe se encuentra fuera de la comunidad, aunque aquel represente sus expectativas. En otras palabras, el héroe permanece en el límite entre su comunidad y su individualidad, entre la paz y la guerra. El héroe pertenece a una comunidad pacífica por la cual lucha de manera singular. Las características heroicas dan sentido tanto a la idealidad de la colectividad -vital y pacífica- como a la idea de una ética individualista, agónica y bélica. De ahí que sea tan relevante que la Paideia considere las características del héroe como su ideal de formación humana. Ahora bien, dado que la condición humana del héroe en la Ilíada es la guerra y la muerte y él actúa en consecuencia, los esfuerzos del proceso educativo están enmarcados por las acciones bélicas. En este sentido, la guerra se convierte en una terrible necesidad para la comunidad y, consecuentemente para la Paideia.

2. Idea de honor en Homero
La noción de héroe en Homero no debe concebirse separada de la concepción del honor. La timé, es decir el honor, está en función de la mirada que los compañeros de guerra tengan acerca del héroe como modelo indiscutible de la areté bélica. El héroe debe valerse de sus características físicas y sociales para alcanzar el honor eterno. La timé, de acuerdo con Nicol , depende de una relación entre los actos de un hombre y el reconocimiento de los demás; es decir, de la evidencia de su heroísmo en su condición de aristoi. La timé es el fin último de las acciones heroicas, es la máxima aspiración del héroe y sin ella la idea de los kalós kagathós pierde todo sentido y desaparece. Consecuentemente la Paideia, al considerar la idea de héroe homérico como ideal de formación humana, plantea como fin último de la educación la gloria imperecedera del sujeto de la educación. Es decir, el ser humano educado sólo puede serlo en la medida que sus acciones estén dirigidas a la trascendencia, donde se le reconozca como un sujeto honorable.

Existen dos momentos fundamentales en la Ilíada acerca de la importancia del honor en la configuración de la idea de héroe. El primero es la ofensa a la timé de Aquiles a manos de Agamemnón y, el segundo, lo ilustra la decisión tomada por Héctor de participar en la mayor aristeia de la guerra de Ilión. Con respecto al primero, si bien es cierto que el wanax Agamemnón tiene derecho, como rey , a obtener las mejores ganancias surgidas de la guerra y el heketai, Aquiles no tiene dichos privilegios aunque haya luchado como ninguno para poseerlos , haberle quitado a Briseida significa el despojo de la evidencia honorífica que lo distinguiría y le daría supremacía social. El hecho de que el hijo de Atreo haya despojado a Aquiles de Briseida, significa una fuerte ofensa a las cualidades heroicas del Pelida, y ello es una negación de su excelencia en el combate. La humillación que cometió Agamemnón contra Aquiles provocó el rompimiento de la relación entre los actos del héroe Aquiles y el reconocimiento de los demás compañeros, arriesgando con ello la permanencia de la leyenda heroica del Pelida.

La vida está en función del recuerdo, del reconocimiento de las palabras de alabanza y de los relatos que impiden el olvido o el silencio del héroe. Si el valor de un ser humano griego arcaico dependía de su reputación, de su timé, cualquier ofensa pública a su identidad o prestigio será sentido por el afectado como una manera de rebajar o aniquilar su propio ser. Aquiles fue eliminado por Agamemnón al ser expulsado del grupo de sus iguales y al ser puesto en un plano inferior encontrándose errante, sin patria y como un exiliado despreciable. Este acto deshonroso provocó que Aquiles, con sus cualidades y méritos propios de la clase selecta de los kalós kagathós (los hermosos y buenos) y los aristoi (los excelentes), pasara a ser un plebeyo, un kakós y justamente este acontecimiento es lo que desata la furia del Pelida. Cualquier excusa o salida honorable ofrecida por el wanax es vana e insuficiente, de ahí el fracaso de la embajada a Aquiles . El Pelida tenía conciencia de la imperdonable ofensa a su timé y también sabía que el botín ganado sólo era simbólico, ya que él, en cada batalla, no se jugaba bueyes, corderos o esclavas, sino su propia vida heroica y con ella su timé. De esta manera, vemos que el hijo de Peleo representa a un héroe fiera que fue humillado por un héroe pastor y que la cuestión heroica en la Ilíada es un asunto vital, de timé.

Por otro lado, Héctor representa al poseedor de la más alta areté anthropine tenida por los guerreros de Ilión. Él es el guerrero troyano que lucha por su patria, por su comunidad, por su oikos . El hijo de Príamo menciona en el canto XXII, ante la aceptación de su destino: “…Ojalá yo, empero no perezca sin esfuerzo o sin gloria; antes bien, una excelsa proeza realice para que de ella lleguen a enterarse aun las generaciones venideras…” El héroe troyano sabía perfectamente las consecuencias de su fatal destino ya que en el heládico reciente las personas y las propiedades de los vencidos pertenecían al vencedor . Lo que indica que el heroísmo de Héctor fue conseguir su timé y gloria imperecedera aunque representase el fin de su oikos.

Finalmente, el hijo de Peleo, con excesivo enojo, da muerte a Héctor y esto lo convierte en un héroe encolerizado. No obstante, Aquiles se transforma en un héroe compasivo, porque decide evitar que los perros desgarraran el cuerpo de Héctor al devolvérselo a Príamo. De esta manera, Héctor no sólo representa al héroe troyano, sino también -con su muerte- ayuda a la reivindicación del honor de Aquiles.

3. La cúspide del honor en la muerte del héroe
El destino es algo a lo que tanto héroes como dioses deben plegarse. Frecuentemente en Homero el destino es sinónimo de muerte y éste es guiado por las Moiras, quienes de acuerdo con Hesíodo son tres: Cloto (Hilandera), Láquesis (Adjudicación) y Átropo (Inevitable). Cloto se encargaba de tejer la vida de los seres humanos, Láquesis tomaba la medida de la vida humana hasta que ésta alcanzara la extensión que le había sido adjudicada y Átropo cortaba el hilo de la vida cuando llegaba la hora de la muerte. El peso de las Moiras en la balanza de Zeus era determinante para designar el destino de los hombres. Las Moiras fijan la parte de vida que a cada uno le corresponde. El destino en Homero es la fuerza de lo inevitable, de lo que se impone sin posibilidad de evasiva. Con la idea de destino, el ser humano de Homero se mirará como un ser infinitamente agónico. Un ser que empieza a morir desde su nacimiento sabiéndose finito.

Si bien es cierto que el destino puede ser considerado como muerte, en esta concepción emerge la idea de vida eterna. Es decir, el ser humano corriente simplemente muere, pero el héroe debe vivir eternamente a través de sus hazañas. De ahí la constante búsqueda del reconocimiento de los demás para permanecer por siempre en la memoria de la comunidad y esto se logró a través de las narraciones de los poetas orales. La poesía se convierte así en un medio educativo donde muere el hombre carnal para que viva eternamente el héroe leyenda. La Paideia griega se fundamenta en la concepción agonística del héroe perteneciente a la nobleza.

Ahora bien, como se mencionó anteriormente, en la comunidad a la que pertenecieron los héroes homéricos el honor se identifica con aquello que los demás ven y dicen de uno, donde se es más cuanto mayor es la gloria que a uno le rodea, donde sólo existe el héroe si subsiste la fama imperecedera en lugar de desaparecer en el anonimato del olvido. Para el griego arcaico el olvido es la inexistencia, por lo que su vida implica estar permanentemente en la memoria social.

No obstante, la realización de grandes hazañas bélicas seguida de la muerte, no garantiza la fama imperecedera de los héroes homéricos. Distingo dos aspectos fundamentales en torno a la muerte como grado último del honor heroico: a) que el fin de la vida ocurriese en la juventud y, b) la muerte debe ser bella. A continuación describiré ambas características del thánathos aristoi.

La juventud de los muertos está determinada por el vigor, la virilidad y la brillantez del cuerpo. El fin de la vida de Patroclo y Héctor son ejemplos de muerte en la juventud. Ambas pueden definirse de la siguiente manera: “…la muerte, postrer meta, le envolvió, y su alma, volando de sus miembros, ya estaba camino hacia el Hades su suerte lamentando, pues juventud y hombría había abandonado tras de sí…” . Una vez que el joven guerreo ha caído y ha sido abandonado por la fuerza vital queda el sôma como cuerpo inmóvil y bello. Como parte de los rituales fúnebres el sôma del guerrero era lavado, ungido con aceites y perfumado con el fin de conservar su belleza, juventud y virilidad. La cremación era uno de los actos fúnebres más frecuentes en la época de Homero. Para este tipo de ritos, la preservación y preparación del cuerpo eran elementos fundamentales en esta clase de actos. Vernant menciona que una de los objetivos de la cremación era que el fuego consumiera todas las partes del cuerpo que se descomponen, tales como las viseras, la carne, la piel etc.

Si un héroe muere joven y conserva su sôma bello para ofrecerle ritos fúnebres pude afirmarse que logró kalós thánathos. La carencia de alguno de estos aspectos puede negar dicha muerte aconteciendo un aiskhrón thánathos, es decir una fea muerte. Y, por otro lado, cuando un anciano cae en el campo de batalla, mostrando su cuerpo marchito bañado en polvo y sangre, su muerte se torna desagradable y fea. Cuando no basta para el vencedor matar a su oponente y busca desmembrar el cadáver además de ofrecerlo a perros y aves carroñeras, el vencido corre el riesgo de perder su cadáver al convertirse en una masa amorfa que puede confundirse con el suelo en el que cayó o terminar en las entrañas de los animales. Despojar al vencido de una bella muerte era una práctica de los héroes homéricos.

La forma en como un héroe muere es determinante para alcanzar la fama eterna. Ellos pretenden hacer de su muerte algo glorioso, buscan que su fin sea un acontecimiento digno de un aristo por lo que en sus últimas hazañas tienen la finalidad de lograr la kalós thánathos que lo conducirá a la gloria póstuma. Para que un héroe viva en la memoria de las generaciones venideras es necesario, por un lado, tener cantos épicos que relaten sus hazañas bélicas y, por otro, que su sôma haya recibido su tributo de honores.

La muerte de los héroes no es un “simple” fin de la vida sino una característica necesaria en la idea de los aristoi. Sin la muerte extraordinaria la vida del héroe sería larga, pero la gloria heroica sería nula. De esta manera, en los héroes de la Ilíada vemos que el antagonismo entre mortalidad e inmortalidad se convierte en un encuentro de contrarios, donde se conjugan lo perecedero y breve con lo eterno y permanente. Es en este sentido que los héroes homéricos se hallan entre la masa anónima de los difuntos comunes y la consagración por su muerte de acercarse a un rango casi divino. Es decir, el héroe está entre el mundo de los hombres y el mundo de los dioses, por lo que se convierte para la Paideia en un modelo de vida y muerte. Nicol, señala que:

“… la ejemplaridad del héroe es un componente de la Paideia griega. No cabe duda de que esta Paideia fue, al principio, aristocrática, no tanto porque iba destinada a la clase noble, sino porque ensalzaba la nobleza en la figura del héroe […] Los héroes homéricos son figuras aristocráticas muy alejadas -por nacimiento, muerte y contexto- de la gente corriente; sin embargo, son el modelo de vida y muerte de los individuos comunes. Homero contribuyó a dar forma y a exaltar la ejemplaridad de la figura heroica…” .

Si esto es así, si los héroes son la base de la formación humana de la Grecia arcaica, puedo concluir que dicha formación se caracteriza por: a) defender ante todo y todos su timé por considerarla característica necesaria y común a los aristoi; b) aceptar con valentía el destino como culminación honrosa de una vida heroica y como cualidad obligada para la gloria póstuma e imperecedera. Estas son las características del héroe de la Ilíada que los aoidói, como Homero, harán pervivir en la memoria de la comunidad, configurando así la idea y el modelo de sujeto a seguir por la educación tomado por la Paideia.

 
   
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