Gilberto Guevara Niebla
Profesor de la Licenciatura en Pedagogía. FFL. UNAM
Director de la revista Educación 2001
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1.- El tema general de este breve ensayo es el tema de las relaciones entre “educación y democracia". La democracia es un sistema de gobierno cuyo fundamento son la elección de gobernantes mediante el voto universal y libre y la toma de decisiones conforme a la opinión pública. En el caso de México, como se sabe, se vive una “transición” hacia la democracia que dura ya varias décadas y que ha materializado en un sistema electoral autónomo, imparcial y profesional (el IFE), en un sistema de partidos políticos, en la ruptura del monopolio en los puestos de gobierno que mantenía el viejo partido oficial (PRI) y hechos decisivos como la alternancia que se dio en la elección del año 2000 en que el poder ejecutivo pasó a manos de un partido de oposición (PAN).
2. No obstante estos avances democráticos, en México subsiste en la ciudadanía una cultura política sólo parcialmente democrática y que contiene muchos elementos (actitudes, valores, disposiciones) que se forjaron a lo largo de las siete décadas que duró el viejo sistema autoritario presidencialista y de “partido hegemónico”. Entre estos vicios destacan el clientelismo, la corrupción, el paternalismo, la demagogia populista, etc. junto a tendencias de desconfianza creciente hacia la política y los políticos. En la última Encuesta Nacional sobre Cultura y Prácticas ciudadanas el 88 % de los mexicanos opinó que les interesa poco o nada la política y el 65% expresó que la política era un asunto muy complicado (Tercera ENCUP, 2005).
3. La desconfianza en la democracia, sin embargo, es no sólo explicable por factores subjetivos, también se relaciona con el hecho de que en México ha habido un importante progreso económico pero al mismo tiempo la distribución de la riqueza ha respondido a un patrón de aguda desigualdad. Se dice que el 50% de la población es pobre o vive en condiciones de pobreza extrema. Otras condiciones objetivas –como la ineficacia manifiesta del aparato judicial—contribuyen de forma manifiesta a sembrar en el pueblo el escepticismo y la desconfianza hacia la política.
4. Se puede decir pues que los dos grandes desafíos de México son construir la democracia y abatir la pobreza. Opino que la educación puede ser un instrumento social de enorme eficacia para enfrentar simultáneamente ambos desafíos. El ideal de la democracia liberal es contar con un ciudadano libre, informado, crítico y comprometido con los procesos políticos, pero es deseable además que entre sus virtudes se incluyan valores como la justicia, la solidaridad y la cooperación.
5. La redención material del pueblo no está desligada de la política (el pueblo educado es una fuerza de cambio social) y reclama aptitudes, capacidades específicas que se relacionan con la macro y la micro-economía. Definir el ciudadano que deseamos formar es el primer paso para proceder a hablar de las dos tareas que tenemos enfrente: a) educación ciudadana para la democracia y b) abatir la pobreza. El debate académico en este campo es rico y complejo.
6. A partir de la obra Teoría de la justicia de John Rawls se desencadenó una polémica que algunos identifican como una pugna entre liberalismo y comunitarismo. Yo opino que el debate es más amplio. Lo real es que el concepto de ciudadanía propuesto por el liberalismo tradicional ha suscitado cuestionamientos como el de Sandel (Democracy’s Discontent, 1996) quien rechaza la ciudadanía como una condición pasiva, neutra, donde prevalece la libertad negativa (no interferencia) y que está desligada de un concepto de la vida buena. Sandel apunta que la vida colectiva, la comunidad carece de existencia real. Esta añoranza es compartida por otros intelectuales estadounidenses entre los cuales cabe mencionar a Robert Bellah autor de Habits of the Heart y The Good Society, y a Amitai Etzioni autor de The Spirit of the Community, The Moral Dimension y The New Golden Rule. Estos autores utilizaron evidencias empíricas y de otro tipo para demostrar que la sociedad moderna era víctima de un individualismo aislacionista extremo y que se requería revalorar el sentido comunitario si se deseaba abrir nuevos cauces a la civilización occidental.
7. Otra variante teórica, con la misma inspiración original, la encauzó Robert Petit que desarrolló todo un planteamiento para reconstruir la sociedad con base en los principios del republicanismo. Petit revalora la idea republicana de que el ciudadano tiene como ideal supremo la disposición al sacrificio a favor del interés común y lo considera esencial para acabar con toda forma de opresión dentro de la sociedad (Republicanismo. Paidós, Barcelona, 1999). Frente a esta orientación se levantó Norberto Bobbio para decir que el republicanismo era una elaboración meramente intelectual y que la única realidad tangible y sobre la cual se debería construir es la democracia liberal tal y como existe en nuestros días (Bobbio y Viroli, 2002). Importa referirnos a Bobbio por la presencia que ha tenido en nuestro medio académico.
7. Para Norberto Bobbio la democracia es principalmente un conjunto de procedimientos para el ejercicio del gobierno. Entre estos procedimientos se encuentran el principio de mayoría, el principio de cada ciudadano es un voto, etc. (El futuro de la democracia. FCE, p. ). Asociadas a los procedimientos están las libertades o derechos fundamentales que juegan el papel de plataforma sustento para el juego democrático. Desde otra perspectiva teórica, Habermas en Teoría de la acción comunicativa hace de la deliberación un elemento dinamizador de la convivencia democrática moderna.
8. ¿Cómo debe ser el ciudadano virtuoso de las democracias del siglo XXI? Si integramos los elementos que nos parecen más relevantes del debate para dar respuesta a la educación de los ciudadanos tendríamos:
a) Derechos Humanos
b) Autonomía o libertad
c) Justicia, solidaridad, vida comunitaria.
d) Diálogo
A estas cualidades habría que agregar las competencias productivas y ambos bloques integrarían el conjunto de capacidades (cappabilities de Zen) que permitirían al ciudadano enfrentar los desafíos mencionados antes.
9. ¿Cómo traducir estas orientaciones en políticas y prácticas educativas? Este es el problema más espinoso de todos. Es verdad que hay muchos desarrollos pedagógicos y numerosos elementos didácticos de creación reciente que facilitan el abordaje de esta tarea (piénsese, por ejemplo, en la basta obra que ha aparecido en materia de educación moral). Existen recursos técnicos, pero la dificultad principal es de otro orden: tiene que ver con la organización (estructura) del sistema educativo, un sistema centralista, cerrado, opaco, que esta dirigido por elites burocráticas en concertación con la dirección del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE).
10. Se trata de un sistema de gestión elitista y vertical. La sociedad (los ciudadanos) e incluso los padres de familia con hijos en la escuela, carecen de todo poder de decisión en materia educativa. Alguien podría decir que el “poder educativo” lo detentan los docentes, pero es falso. Los maestros de preescolar, primaria y secundaria no tienen oficialmente ninguna capacidad de decisión sustantiva sobre su materia de trabajo (currículo, libro de texto, métodos de enseñanza, etc.). Todas las decisiones técnico-académicas dimanan del centro, los profesores son sólo operadores de reglas que se le imponen a la escuela desde fuera.
11. No puede haber educación democrática auténtica en un sistema que opera con principios autocráticos. La sociedad mexicana se ha democratizado, no así el sistema educativo que conserva la estructura vertical-corporativa que le imprimió el régimen presidencialista autoritario. En estas condiciones, lo que es urgente es una reforma democrática de la estructura del sistema educativo y una reforma democrática de la escuela que, a escala, ha reproducido el patrón autoritario que domina a nivel del sistema. Se necesita, asimismo, una recalificación global del magisterio.
12. El modelo didáctico de exposición del maestro--lectura de libro de texto--participación pasiva del alumno, debe substituirse no por un modelo sino por una pluralidad de ellos que sólo tendrán en común el propósito de formar un ciudadano con los atributos que antes hemos mencionado. En pocas palabras, la educación ciudadana no se refiere a una asignatura aislada, como es el caso de Formación Cívica y Ética, sino que abarca a toda la vida escolar, el conjunto del currículum y el conjunto de prácticas escolares. Se extendería incluso al nivel medio superior (de acuerdo a ciertas investigaciones realizadas en Israel, la edad de 16 a 18 años es crucial para la educación ciudadana).
13. Una evaluación muy acertada de los efectos de la pedagogía dominante en nuestras escuelas la tenemos en la obra de Ma. Cecilia Fierro y Patricia Carvajal, Mirar la práctica docente desde los valores (Gedisa-UIA-León, 2003), estudio que exhibe con claridad la rigidez y los estereotipos que gobiernan la práctica docente en las escuelas. No se trata de culpar a los maestros (que hacen lo mejor que pueden) sino de señalar que el problema es profundo y alude a una estructura arraigada durante décadas. No habrá mejora alguna si no se parte de reconocer esta triste realidad.
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