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Más Vale Libro en Mano que CD Fallando

 

Paulo Freire. La Educación en la Ciudad

 
Janett Rivera Solis
Egresada de la Licenciatura en Pedagogía
FFL. UNAM

 

La educacion en la ciudad

Paulo Freire nació en 19 de septiembre de 1921, de él se dice que nació para ser educador; sin embargo, él mismo pensaba que nadie nace siéndolo y él no se creía la excepción a esto. Fueron aptitudes, actitudes, sus vivencias y deseos, los que lo inclinaron hacia el ámbito educativo.

Siendo muy joven enfrentó la pérdida de su padre; fueron su madre y su familia los que hicieron un gran esfuerzo por salir adelante. Se inició como profesor de lengua portuguesa en donde la interacción con sus alumnos –en su mayoría de sectores pobres– le hizo reflexionar sobre el leguaje y llegó a la conclusión que no es posible pensar en éste sin pensar en el poder, en la ideología; y en cuanto a la alfabetización, no es sólo memorizar y repetir sílabas, sino que toda lectura de la palabra siempre va precedida de cierta lectura del mundo. Fueron estas ideas por “un sueño utópico con que [se] lanzó [Freire] en todas sus aventuras pedagógico-políticas; [sueño] que tiene que ver con una sociedad menos injusta, menos insidiosa, más democrática, menos discriminatoria, menos racista, menos sexista”

Tras el golpe militar de 1964, fue forzado a dejar de dar clases en la universidad, lo encarcelaron y después fue exiliado durante 16 años. Freire, pensador incansable, no se dejó vencer al abandonar su querido Brasil; al contrario, recorrió el mundo sembrando la semilla de sus ideas y tras una larga espera pudo regresar a su país.

En la década de los ochenta vio madurar al Partido del Trabajo (en el cual militaba). Fue la alcaldesa Luiza Erundina la que lo invito a tomar el puesto de Secretario Municipal de Educación, de la ciudad de Sao Paulo.

Freire aceptó la invitación, no pudo ser de otra forma, pues fue leal al sueño que forjó durante años de reflexión: el sueño de una sociedad más justa. Se trataba entonces de una cuestión de ética, considerándola como relacionada con la coherencia con que se vive en el mundo, coherencia entre lo que se dice y lo que se hace. Durante su estadía en el puesto de Secretario, su actuar fue coherente son su forma de pensar.

Sobre esto trata La educación en la ciudad, libro surgido de la compilación de entrevistas hechas a Freire en torno a los logros y los retos que enfrentó durante su desempeño como Secretario Municipal de Educación (1989-1991).

A lo largo de las entrevistas se destacan cuestiones educativas importantes, entre las que puedo mencionar las siguientes:

  • La falta de acceso a la educación formal y la deserción escolar. Freire traduce la primera como una prohibición para entrar a la escuela y a la deserción como una expulsión desde ésta, puesto que no se trata de una elección libre del alumno, sino de una imposición consecuencia de la injusticia social.
  • El déficit tanto cuantitativo como cualitativo de la educación. Ambas características van de la mano. “No podemos hablar de metas educativas sin referirnos a las condiciones materiales de las escuelas. Es que ellas no son solamente “espíritu” sino también “cuerpo”.
  • La politización de la educación. La práctica educativa es necesariamente política, lo cual no la hace ni mala ni buena, pues depende de quién la usa, en favor de qué y de quién, y para qué.
  • La relación indisoluble entre la teoría y la práctica, ambas se mejoran a través de la retroalimentación de una con la otra.
  • La enseñanza como acto que, además de contemplar los contenidos del currículum, también desentraña los problemas sociales.
  • La formación de educadores, los cuales también son necesariamente políticos, “independientemente de si son, o no, conscientes de esto. De ahí que es fundamental [que] todo educador o educadora, tan rápidamente como sea posible, asuma la naturaleza política de su práctica. Se defina políticamente. Haga su opción y trate de ser coherente con ella”.
  • Cambiar la “cara” de la escuela a una seria, competente, justa, alegre, curiosa. Pero tal cambio no puede hacerse por decreto: “jamás impondremos a las escuelas […] un perfil de escuela, por más que exprese nuestra opción política y nuestro sueño pedagógico”. Bajo la perspectiva de Freire, el cambio sólo es posible de forma democrática, lo cual implica escuchar y dialogar con todos los involucrados. En ello radica su dificultad, pero como él mismo dijo: los cambios no pueden darse de la noche a la mañana, pero por algo se debe empezar.
  • La responsabilidad que tienen los universitarios para con la sociedad.
  • El currículo no como una serie de “recetas” sino como aquel que posibilite al educando un espacio dialéctico para la reflexión y que le haga constituirse en sujeto de su propia historia.

La educación en la ciudad, y en sí toda la obra de Freire, es un elemento de importante referencia para los que creemos – con él – que “la educación democrática [es aquella] que se funda en el respeto al educando, a su lenguaje, a su identidad cultural de clase, en la explicación teórica de la defensa de la educación que desoculta, quita el velo, desafía”.

Paulo Freire murió el 2 de mayo de 1997, y como alguna vez escuche decir, cuando personajes tan importantes como él se han ido, lo menos que podemos hacer, como homenaje, es acercarnos a conocer su obra. En el caso particular de Freire, a él le gustaría -dijo- que lo recordásemos así:

“Paulo Freire fue un hombre que amó. Él no podía comprender la vida y la existencia humana sin su amor y sin la búsqueda del conocimiento. Paulo Freire vivió, amó e intentó saber. Por eso mismo, fue un ser constantemente curioso.
Espero que esto sea la expresión de mi paso por el mundo, incluso cuando todos se haya sumergido en el silencio”.

 
   
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