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En 1910 los festejos del centenario no lograron ocultar el triste panorama que
presentaba el país en prácticamente todos los ámbitos, particularmente en el
político; las declaraciones de Díaz al periodista James Creelman, del Pearson’s
Magazine el 17 de febrero 1908 -en las que aseguraba la intención de abandonar
el poder a los ochenta años, lo que coincidía con el término de su mandato
publicadas por el Imparcial del 3 de marzo- originaron una fuerte actividad
política por la sucesión presidencial; sin embargo, la decisión tomada por Díaz
de reelegirse por séptima ocasión, la actitud autoritaria y fuertemente represiva
ante su contendiente y el partido que lo postulaba, así como el fraude
cometido en las elecciones de julio de 1910, formalizan la reelección. Desde
luego que todas esas circunstancias originaron el descontento mediante el
cual dio inicio el movimiento armado encabezado por Francisco I.Madero, al
amparo del plan de San Luis. Otros antecedentes de represión, de falta de
libertades y la encarnizada persecución a los grupos opositores fueron caldo
de cultivo favorable para el apoyo que recibió el citado Plan, el cual señalaba
el domingo 20 de noviembre a las 6 de la tarde, como el momento para tomar
las armas y derrocar al dictador.
Francisco Indalecio Madero González nació el 30 de octubre de 1873 en Parras
Coahuila y murió asesinado el 22 de febrero de 1913 en la Ciudad de México.
Proveniente de una familia acaudalada, que de alguna manera había sido
beneficiada por el régimen de Díaz,Madero con un espíritu social inició un trabajo
político que se ve culminado con la creación del partido antireeleccionista
y su candidatura a la presidencia de la república. Logró concertar a la
gran mayoría de las fuerzas políticas e intelectuales de corte progresistas de la
época, las cuales oponiéndose al régimen bajo el lema de “sufragio efectivo y no reelección”, encontraron cobijo las
inconformidades que el propio régimen
había creado.
El movimiento encabezado por
Madero implicó un arraigo inesperado
para los seguidores del dictador y
quizá hasta para los propios antirreeleccionistas.
El 25 de mayo de 1911,
Díaz presentó su renuncia a la presidencia.
Dato curioso es el que el día anterior,
fecha en que se esperaba su renuncia
ante el Congreso, se discute la ley
para el establecimiento de Escuelas
de Instrucción Rudimentaria, proyecto
que el gobierno deseaba aprobar
para dar muestra de su interés por la
educación popular. Esta ley finalmente
fue promulgada el 1° de junio del
mismo año, bajo la presidencia de
Francisco León de la Barra.
El 7 de junio entra a la Ciudad de
México Francisco I.Madero en medio
de una demostración de simpatía
popular sin precedente y el 6 de
noviembre de 1911, asumió la Presidencia
de la República, en compañía
de José Ma.Pino Suárez en la Vicepresidencia,
quien además ocupó en el
último año la cartera de Instrucción
Pública.
Poco es lo que se puede derivar de la
acción educativa del nuevo régimen,
las dificultades brotaban de todos
lados y de todas sus acciones, la prensa
extremadamente sometida por el
gobierno anterior parecía recrearse
en la libertad que ahora tenía y atacaba
sin ninguna cortapisa al nuevo
gobierno y a sus funcionarios; las
negociaciones políticas con los
distintos bandos que apoyaron el
movimiento maderista se tornaban
cada vez más complejas y siempre
insatisfactorias para las partes. La traición
de Victoriano Huerta que culminó
con los asesinatos de Madero y
Pino Suárez y el inicio de lo que apuntaba
ser una nueva dictadura, terminaron
por complicar el ambiente
social, político y económico que vivía
México. “Y mientras toda una facción
se cubría de oprobio,Francisco Madero
entró limpio a la historia. Uno de
los pocos en quien puede fundar su
orgullo la raza mexicana.”
Consecuencia de la situación anterior
y especialmente derivado de la toma
del poder por el usurpador, se creó
por las fuerzas revolucionarias el llamado
Plan de Guadalupe, el cual fue
promulgado en marzo de 1913,
desconociendo a Huerta y solicitando
al entonces gobernador de Coahuila
Venustiano Carranza (1859-
1920) restablecer el orden jurídico.
Antes, Zapata había lanzado el llamado
Plan de Ayala, acuerdo que desconocía
el gobierno de Madero; Villa,
mientras tanto, mantenía su lucha en
el norte del país.Durante el Gobierno
de Huerta la educación pasó como
un objeto de poca atención para el
traidor, durante su estadía en el
poder, la cartera de educación fue
ocupada por cinco funcionarios, lo
cual hace evidente que su interés no
estaba centrado en el desarrollo de la
cultura y la ciencia.
Las fuerzas carrancistas derrotaron a
Huerta. Carranza asumió el poder en
agosto de 1914 en medio de una convulsión
social, militar, política y económica.
El movimiento armado había
logrado trastocar las estructuras del
país y aun no encontraba el camino
institucional para la renovación del
Estado Mexicano, las fuerzas revolucionarias
convocaron a una convención
a la cual asistieron todos los jefes
militares en la Ciudad de Aguascalientes
y se formó un gobierno provisional
al mando de Eulalio Gutiérrez
(1880-1939) quien, entre otras acciones,
nombró a Vasconcelos Secretario
de Educación.
El Gobierno provisional fue desconocido
por las fuerzas que asistieron a la
Convención y se vio perseguido y
derrotado por el ejército carrancista,
la conclusión fue el reconocimiento
del gobierno carrancista por los Estados
Unidos, el 19 de octubre de 1915.
Ello significó el triunfo de Carranza y
su manifestación de legitimación fue
la promulgación de la Constitución
de 1917, discutida durante los meses
de diciembre de 1916 y enero de
1917 en la Ciudad de Querétaro; y
finalmente promulgada el 5 de febrero
de ese año, entrando en vigor el 1°
de mayo.
La Constitución de 1917 expresaba el
sentido de la educación del nuevo
régimen revolucionario en su artículo
tercero, preservaba el espíritu laico y
gratuito de la educación; por otra
parte, el sentido expreso de la Constitución
era la autonomía del municipio
y de los Estados, incluyendo en
ello la actividad educativa en los niveles
básicos y la educación media, por
lo cual quedaba bajo su responsabilidad
la administración y prestación de
los servicios educativos.
El texto original del artículo 3° de la
Constitución de 1917 es el siguiente:
La enseñanza es libre;
pero será laica la que se dé en
los establecimientos oficiales
de educación, lo mismo que la
enseñanza primaria, elemental
y superior, que se imparta en los
establecimientos particulares.
Ninguna corporación religiosa,
ni ministro de algún culto,
podrán establecer o dirigir escuelas
de instrucción primaria. Las escuelas primarias
particulares sólo podrán
establecerse sujetándose a la
vigilancia oficial.
En los establecimientos
oficiales se impartirá gratuitamente
la enseñanza primaria.
Durante el movimiento armado, los
servicios educativos al igual que el
resto de las acciones sociales se vieron
altamente afectados, al punto de
que no se puede hablar más que de
retroceso en este sentido. El cuarto
censo de población realizado en 1921
arrojó que en el país había disminuido
la población en relación con el anterior: el 3er Censo General realizado
en 1910 indicó que en el país
había 15,160,369 habitantes, en tanto
que el 4º contabiliza 14,334,780 de
habitantes; el analfabetismo para
entonces alcanzaba casi al 80%, de la
población, obvio es señalar que ello
fue una consecuencia directa del
movimiento armado.
Al amparo de la Constitución, Carranza
asume la presidencia de la República
el 1° de mayo de 1917 y permanece
en ella hasta el 21 de mayo de
1920, día en el que fue asesinado en
Tlaxcaltongo, Puebla. Su gobierno
estuvo plagado de problemas y de
continuos levantamientos en distintos
puntos del país -de los cuales- el
de oposición por parte del gobierno
de Sonora, es el que da como resultado
su salida de la Ciudad de México y
su posterior asesinato.
La presidencia de Carranza no estableció
una aportación en cuanto a la
atención de la educación pública. La
Constitución de 1917 establecía la
independencia de las entidades federativas
y los municipios en materia
educativa, quedando en manos del
gobierno federal la educación en el
Distrito Federal y territorios así como
la Universidad como un órgano del
gobierno. La incapacidad económica,
la anarquía en materia educativa y el
poco interés y falta de voluntad política,
dieron como consecuencia la
falta de atención a la población en
este rubro.
A la muerte de Carranza asume breve
y provisionalmente la presidencia
Adolfo de la Huerta (1881-1955), apenas
seis meses de gobierno, periodo
suficiente para que el General Álvaro
Obregón, ganara las elecciones convocadas
por De la Huerta y asumiera
el poder.
Entre el 1° de diciembre de 1920 y el
30 de noviembre de 1924 periodo
presidencial del General Álvaro Obregón
Salido (1880-1928), podría decirse
que inicia la consolidación del
actual Estado Mexicano. El gobierno
de Obregón se hizo cargo de las consecuencias
y problemas derivados
del régimen carrancista, problemas
de reconocimiento internacional por
las principales potencias, la precaria
estructura y organización de la administración
pública,el endeudamiento,
la casi nula prestación de los servicios
sociales, un ejército numeroso y de
costoso mantenimiento, el caudillismo,
los reclamos por daños causados
por el movimiento armado; pero,
sobre todo, las demandas de obreros
y campesinos quienes debieran ser
los legítimos beneficiarios de los
logros de la revolución.
Obregón enfrentó la situación y bajo
el nuevo marco legal emprendió la tarea de buscar soluciones a los grandes
problemas nacionales, sin duda
uno de los más relevantes y que permitió
ir saldando las deudas con las
clases populares fue la reconstrucción
y engrandecimiento de los servicios
educativos. El presidente intuyó visionariamente
la necesidad de una atención
prioritaria; sin embargo, enfrentó
el problema de la estructura jurídica
de los servicios educativos ya que la
prestación de este servicio descansaba
en los Estados y municipios.
Para atender este problema Obregón
ratificó como jefe del Departamento
Universitario y de Bellas Artes a José
Vasconcelos, éste había sido nombrado
para el mismo puesto por Adolfo
de la Huerta en junio de 1920, “…la
mejor contratación de De la Huerta y
un legado inapreciable para el
Gobierno de Obregón: José Vasconcelos”
. Esta jefatura implicaba también
la Rectoría de la Universidad, el
encargo principal de este momento
para el nuevo Rector fue el promover
una ley que permitiera asumir al
Gobierno Federal la responsabilidad
y orientación de los servicios educativos
en todo el país.
Vasconcelos preparó el proyecto de
ley para la creación de la nueva Secretaría
y emprendió una campaña por
todo el país, a fin de convencer en las
legislaturas de los Estados para la
aprobación de la iniciativa, ya que es
necesario de acuerdo con la Carta
Magna la anuencia de las dos terceras
partes de las legislaturas estatales
para las modificaciones constitucionales
que implicaba, es decir, el 14
transitorio y la modificación al artículo
73 que da facultades a la Cámara
de Diputados para legislar sobre educación
y posteriormente realizar la
promulgación de la ley. El contenido
de la ley pretendía en esencia la federalización
de los servicios educativos;
al respecto señala Vasconcelos:
“…decidí sobrepasar los estrechos
límites del antiguo Ministerio de
Justo Sierra, que sólo tenía jurisdicción
en el Distrito Federal y dos territorios
desiertos, convirtiendo de una
vez la institución proyectada en un
amplio Ministerio cuyas funciones
cubrirían todo el territorio patrio”.
Pero también tenía que desafiar la
renuencia de los gobiernos estatales
sobre el control de la educación y
creación de escuelas por la federación
en el territorio de los Estados.
La llamada Ley Vasconcelos fue discutida
y finalmente aprobada el 3 de
marzo por el Senado de la República
y promulgada el 20 de julio de 1921,
posteriormente y con fundamento
jurídico se decreta la creación de la
Secretaría de Educación Pública el día
25 de julio y se promulga hasta septiembre
de ese año.
Vasconcelos protesta como Secretario
de Educación Pública el 12 de
octubre de 1921, responsabilidad
que ocupó hasta el 2 de julio de 1924.
Sucedió a Vasconcelos en la Secretaría
el Dr. Bernardo J. Gastelum (1886-
1981), quien terminó con ese encargo
el periodo de Obregón.
Si bien es cierto que la gestión de
Vasconcelos al frente de la educación
del país resultó una tarea hasta la
fecha inigualable, también lo es que
existieron -para dar ese impulso
necesario a la educación- el apoyo y
la voluntad política de Adolfo de la
Huerta primero, y de Álvaro Obregón
posteriormente. Aunado a esto, se da
tal dinámica educativa en un
momento en que México encuentra
una relativa estabilidad política y casi
completa pacificación; además de
contar con ingresos importantes gracias
a la recaudación fiscal derivada
de la explotación del petróleo, los
cuales representaban, en los años
posteriores a 1920, entre el 20 y 30%
de los ingresos totales del gobierno
federal.
Desde luego el régimen de Obregón,
proveniente de la convulsión social
que había costado cientos de miles
de vidas y de juegos turbios por el
poder, no estuvo exento de proble mas y componendas de las distintas
fuerzas internas y del exterior. Con
afán conciliatorio y negociador Obregón
pudo sortear las tempestades,
una de las mayores presiones las ejercía
el gobierno de los Estados Unidos
y su negativa al reconocimiento del
Gobierno Mexicano, la conclusión de
este conflicto el propio Obregón lo
vivió al admitir las conferencias de
Bucareli en 1923, lo que le valió la
aceptación del presidente Harding el
31 de agosto de ese año. En lo militar
quizá el movimiento opositor más
importante fue el que encabezó
Adolfo de la Huerta a finales de 1923
y que finalmente fue sofocado el año
siguiente gracias al apoyo recibido
por Washington, pero que tuvo un
costo social importante y un descalabro
para las finanzas nacionales.
...[Obregón] En su haber podía ostentar la
obra educativa, ciertos avances fiscales y
hacendarios, un tono tensamente conciliatorio
con la Iglesia y un apoyo moderado a
las demandas obreras y campesinas. Pero a
su cargo los enemigos señalaban la transacción
con Estados Unidos, la centralización
política, el ahogo de los partidos en la
Cámara y la traición a su propio manifiesto
de 1919.
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