Inicio Contacto Directorio Revista Articulos Numeros Anteriores  

Colaborador Invitado

 

Bachillerato Obligatorio

 
José Rangel
Universidad Veracruzana
jorangel@uv.mx

 

En la XXXVII Sesión Ordinaria de la Asamblea General que tuvo lugar en Veracruz, bajo el auspicio de la Universidad Veracruzana, los días 31 de mayo, 1 y 2 de junio del 2006, se aprobó el documento: Consolidación y avance de la educación superior en México.Temas cruciales de la agenda . Este documento expresa retos, compromisos y propuestas asumidos por la Asociación en temas de interés público y de relevancia para mejorar la pertinencia social de la educación superior en todas las regiones del país. En él se desglosan las líneas estratégicas para fortalecer el sistema nacional de educación superior del país.

Con fines de esta contribución me interesa destacar y abundar sobre una de las líneas ahí contenidas y que constituye uno de los mayores retos del sistema educativo en el nivel superior: elevar la cobertura con equidad. En el planteamiento que se hace en Consolidación y Avance se considera necesario que para el año 2012 la cobertura nacional en el nivel superior alcance cuando menos 30 por ciento del grupo de edad correspondiente, 19 a 23 años, y que en ninguna entidad federativa la cobertura esté por debajo de 20 por ciento.Todos los candidatos presidenciales, que asistieron invitados a la Asamblea para conocer las propuestas de la ANUIES, hicieron suya esta meta. Más aún, el hoy presidente electo, Felipe Calderón, comprometió durante su intervención ante los rectores alcanzar 5 puntos más, y así llegar a 35 por ciento de cobertura en el nivel superior.

Actualmente la cobertura nacional promedia 22 por ciento, aunque el rango por entidad federativa es muy amplio, oscila entre 11 y 41 por ciento.

La historia reciente
A partir de 2000, cuando en el documento La visión de la educación superior al siglo XXI, la ANUIES fijó entre sus prioridades la necesidad de ampliar la cobertura hasta ubicarnos próximos a los niveles de países en condiciones de desarrollo similares o superiores al nuestro, su tasa de crecimiento comenzó a disminuir. En promedio creció 0.64 puntos por año. Pero la tasa decreció año con año y el último periodo solamente aumentó 0.4 puntos.

La cobertura pareciera tender hacia un comportamiento asintótico, si la historia sigue como hasta ahora. ¿Hay en verdad un límite insalvable?

La cobertura mínima aceptable de acuerdo con las condiciones internacionales prevalecientes no debiera estar por debajo de 35% del grupo de edad, lo cual, en la situación actual, se ve muy difícil de alcanzar. Los mayores obstáculos que se requiere sortear para alcanzar una cobertura como la propuesta son de carácter estructural, como se lista a continuación y se muestra más adelante.

  • El embudo educativo, en particular la estrechez de la cobertura en el nivel medio superior
  • La desigualdad en el ingreso de las familias y su correlación con los años de escolaridad alcanzados, lo cual impide que amplios sectores poblacionales tengan posibilidades de acceder a niveles medios y superiores de educación
  • La limitantes financieras que dificultan expandir la oferta
  • La descoordinación nacional de la oferta de educación superior, que impide obtener los mayores beneficios de los recursos disponibles
  • La estructura de la oferta napoleónica, rígida y estrecha, que hace que las ofertas no se puedan coordinar con más flexibilidad
  • La baja movilidad estudiantil con formas de financiamiento que se correspondan para trasladar la demanda a los espacios de oferta especializada
  • El bajo desarrollo de modalidades no escolarizadas que hagan más eficientes las posibles ofertas.

Aquí desarrollaré únicamente el primero de ellos. En el espacio de la educación superior, tanto estudiosos como responsables de la política educativa, han
propuesto en el pasado horizontes de cobertura que parecen más expresiones de buena fe, que decisiones suficientemente fundadas en un conocimiento pleno de las dificultades a salvar. Más aún, en el documento citado se propone para el año 2020 que ninguna entidad federativa tenga una cobertura de educación superior inferior a 48 por ciento.

Frente a los distintos tipos de obstáculos que enfrenta la ampliación de la cobertura, cabe preguntarse, ¿cuántos puntos porcentuales puede aumentarse de manera sostenida la cobertura dadas las limitantes que hay que superar?

A la vista de los objetivos que se plantean en el documento de Anuies, La educación superior al siglo XXI, los datos del presente nos muestran lo siguiente:

  • Para el ciclo 2004/2005 la matrícula se encuentra cercana a la cota inferior de los escenarios planteados entonces. La matrícula total de educación superior esperada se cubrirá el próximo año. Considerando una tasa de crecimiento de 3%, llegará a cerca de 2.5 millones de educandos, valor en el rango de los escenarios planteados.
  • La tasa de cobertura ha rebasado el mínimo esperado de manera global, no así cuando se focaliza entidad por entidad. Sin embargo, como se verá, sus posibilidades de seguir creciendo están en entredicho. Su valor para el ciclo 2004/2005 fue de 21.8%, cuando el rango esperado estaba entre 19 y 23%, según el documento de la Anuies.
  • La desigualdad interestatal es muy grande y con el tiempo no se ha aminorado sensiblemente, como se había propuesto. La cobertura máxima correspondió al DF, con una tasa superior a 44%. En tanto la menor se dio en el caso de Chiapas, con una tasa ligeramente por encima de la cuarta parte del DF.
  • Del total, sólo 14 entidades federativas alcanzaban tasas mayores a la meta establecida por la Anuies en 2000.
  • La diferencia entre las entidades con la mayor y la menor cobertura se incrementó entre 2000 y 2005. Pasó de 30.3 a 32.2 puntos. Las entidades con la menor y mayor coberturas permanecieron las mismas: Chiapas y DF.
  • El promedio interestatal subió ligeramente en el mismo lapso, pasó de 18.6% a 22%. • La variabilidad disminuyó ligeramente, pero nada realmente significativo.

La tabla 1 nos muestra cómo compara la cobertura actual en México vista en el contexto internacional. Esto nos permite contar con un referente para conocer qué tan cerca nos encontramos de la situación que prevalece otros países.

Obsérvese el retraso significativo que experimenta México.Ocupa uno de los últimos lugares en la cobertura comparada. Además, también ocupa uno de los sitios de mayor rezago cuando se observa el avance de uno a otro de los periodos mostrados.

Hemos dejado atrás el nivel llamado elitista de educación superior, que convencionalmente se supera al rebasar 15% de cobertura. Sin embargo, nos encontramos lejos del nivel que sería de corresponder a México. Corea alcanza una cobertura cercana a cuatro veces la nuestra. Argentina se ubica a casi tres veces nuestro nivel. Chile más que nos dobla. Incluso países como Bolivia y Perú están por arriba de México. Lo anterior se refleja en el componente educativo del índice de desarrollo humano, donde países como los anteriores se encuentran todos por encima de México. En algunos casos, como Argentina y Uruguay, mucho más arriba.No se diga el caso de los países desarrollados, cuyo componente educativo es casi perfecto.

Las condiciones de baja cobertura en el nivel superior, adicionado de las dificultades que se enfrentan en los niveles anteriores dan como resultado que México siga siendo un país con un muy bajo nivel de escolaridad, como se aprecia en el gráfico 1.

El país está en el último sitio del grupo de la OCDE, con una escolaridad de 8.8 años. Somos un país de ciudadanos con un nivel que no alcanza aún la secundaria completa. El promedio para el conjunto de países de la Organización se encuentra 35% arriba del nivel de México.Toda la población adulta ha cursado en promedio el equivalente al nivel bachillerato.

Esta baja escolaridad expresa el hecho de que la polarización en el ingreso también se manifiesta en la educación. La gran porción de población con bajos ingresos tiene baja escolaridad. 77 por ciento de los adultos entre 25 y 64 años de edad alcanza una educación cuando más de secundaria. Permanecen en el nivel básico. El promedio para la OCDE es de 30 por ciento. En el otro extremo están aquellos con educación superior. En México 16 por ciento de la misma población tiene este nivel de estudios, de cara a 25 por ciento del promedio de los países de la OCDE, como se observa en el siguiente gráfico 2.

En el medio están los que han completado hasta los estudios del nivel bachillerato. La flaqueza de México en este renglón es enorme. Sólo 6 por ciento alcanzan este nivel de conocimiento, en tanto el promedio de la OCDE es de 42 por ciento.

Se sabe que no toda la población irá a la universidad o a la realización de estudios superiores. Pero, si no lo hace requiere estar en condiciones de contar con las capacidades necesarias para hacer frente a los requerimientos de la vida productiva y ciudadana. Esto se alcanza con el bachillerato. Y es ahí donde fallamos rotundamente.

Menos de los que deberían logran llegar hasta el nivel superior. Tenemos como tarea titánica doblar este porcentaje. Sin embargo, para poder aumentar esta proporción la materia prima no se encuentra en cantidad suficiente en el nivel anterior, el bachillerato. Están todavía en el nivel previo, cuando mucho con estudios de educación básica completa.

Esta limitante de materia prima para poder ensanchar la población con estudios universitarios ha dificultado de manera progresiva su crecimiento y es el mayor obstáculo para lograr los objetivos de cobertura que el sistema se ha planteado para el futuro previsible.

¿Qué nos ha impedido seguir un curso como el de Corea, Japón, Francia o España, y multiplicar la población con estudios superiores que teníamos en los años sesenta, como podemos ver en el gráfico 3? La incapacidad para trasladar población con escolaridad máxima de nivel básico al nivel del bachillerato (media superior).

Es necesario que más de la mitad de quienes completaron solamente el primer paso (estudios básicos) alcancen el segundo (media superior), para poder así ser ciudadanos capaces de incorporarse productivamente al trabajo, si no continúan estudiando. O bien, estén en condiciones de ingresar al nivel superior y alcanzar las proporciones que hoy se consideran apropiadas.

Urgen muchos más estudiantes en el bachillerato. Para ello hay que crear todas las condiciones que lo hagan posible.

El embudo educativo
En la tabla 2 se observa lo que hemos denominado “embudo educativo”, que representa uno de los mayores obstáculos estructurales para el crecimiento sostenido de la cobertura de nivel superior a los niveles deseados. Los 8.8 años promedio de escolaridad que tiene la población entre 25 y 64 años de edad en el país, frente a los 12 promedio de la OCDE, es resultante de este embudo, el cual se empieza a angostar seriamente desde la secundaria.

Modificar este embudo es el mayor reto –junto con el financiamiento requerido para ello– para la ampliación de la cobertura de educación superior. En la tabla se presentan las tasas de eficiencia terminal y de absorción para la trayectoria escolar, desde el ingreso a primaria hasta la absorción en el nivel superior, de acuerdo con datos de la SEP, para dos ciclos escolares distantes 5 años: 1999/2000 y 2004/2005, los cuales corresponden con el momento de aparición del documento La educación superior al siglo XXI de la Anuies y con el dato más reciente.

De cada 100 niños que ingresan a primaria, 67 terminan secundaria. Este solo dato es muestra suficiente de que históricamente no se cuenta con la demanda necesaria para alcanzar la cobertura que se requiere en el nivel de educación media superior, si tomamos en cuenta los estándares promedio de los países miembros de la OCDE.Tendrían que terminar cuando menos el tanto necesario para alcanzar el nivel de cobertura promedio de la población adulta (25 a 64 años) en países desarrollados, esto es, 75 de cada cien y asegurar que no habrá deserciones en el camino, supuesto difícil de garantizar. En México solamente 25% de dicha población cuenta con este nivel de estudios.

De los alumnos que terminan secundaria, se tiene ciertamente una gran absorción al nivel medio superior. Se pierden menos de 3 estudiantes de cada cien, que deciden no ingresar a este nivel, bien sea al bachillerato, o bien a las escuelas de profesional medio.

Sin embargo, una vez ingresados, los alumnos de bachillerato inician un proceso acelerado de abandono de las aulas.De poco más de 57 que ingresan, cerca de 23 de ellos no egresarán tres años después. Lo cual significa que 40% abandona.

Para alcanzar la cobertura de 75% en el nivel medio superior se requiere iniciar un proceso de recomposición desde niveles anteriores. Es necesaria una cobertura en secundaria no menor a 95 por ciento. Lo cual significa entre 95 y 100 por ciento de eficiencia terminal en primaria.De otra manera no es posible alcanzar la meta establecida para el nivel medio superior. Es impensable un país con más de 5 por ciento de su población sin estudios primarios. En México el monto supera el 10%.

Después, ese 95 por ciento tendría que absorberse plenamente en el siguiente nivel, la secundaria.Y de ahí debieran egresar, nuevamente, no menos de 95 por ciento. Hasta el momento se llevarían perdidos para la causa escolar 10 de cada 100 que iniciaron la primaria, en lugar de los 33 actuales.

De los 90 que estarían egresando de secundaria, 85 tendrían que ser absorbidos por el nivel medio superior para que, con 88 por ciento cuando menos de eficiencia terminal, pudiesen egresar 75 estudiantes de este nivel. En el mediano y largo plazos, ésta es la forma de poder asegurar que la población mayor de 18 años cuente con al menos educación media superior.

Sólo con esta base educativa podríamos proponernos alcanzar coberturas en el nivel superior similares a las de países de niveles equivalentes de desarrollo y/o de aquellos con los que mantenemos nuestras principales relaciones comerciales.

En el lapso transcurrido entre los dos ciclos presentados el comportamiento en los distintos niveles, en general, ha mejorado. En algunos casos, sensiblemente. Sobre todo la absorción a media superior. A pesar de ello, en el momento en que se planteó la necesidad de una mayor cobertura, la tasa de absorción de la educación superior había caído a 79.2%, particularmente sensible fue el caso de la normal. La tasa de absorción a la licenciatura ha descendido en 3.4 puntos, en tanto a normal lo ha hecho en 4.5 puntos.

Al final del camino, llegan hoy a licenciatura 4.2 estudiantes más que hace 5 años, 25.5 contra 21.3, porque las eficiencias de los niveles anteriores han aumentado en todos los casos.

Si nos atenemos estrictamente a las condiciones estructurales actuales que presenta el embudo de la educación en México, el sistema de educación superior no podría asegurar hoy una cobertura mayor a 27%, para lo que habría que asumir, además, que la eficiencia terminal en este nivel fuese de 100%. Si, por el contrario, tomamos en cuenta el abandono, difícilmente es pensable llegar a niveles que superen 25% de cobertura.

Más allá, si asumimos el impensable de que todos los egresados de bachillerato demanden ingreso e educación superior y lo consigan, en las condiciones actuales del sistema, sin abandono en nivel superior, la máxima cobertura posible sería de 34%, un punto antes de llegar a lo que se considera educación universal. Por supuesto, todavía por debajo de todos los países con los que razonablemente nos podemos comparar.

La transformación necesaria para lograr tasas de cobertura como las deseadas implica pensar en otro sistema educativo. En suma:

  • La cobertura hasta secundaria necesita ser universal. Actualmente perdemos al salir de secundaria la tercera parte de los que ingresaron a primaria.
  • La cobertura en bachillerato requiere ubicarse en niveles similares a la de países desarrollados, entre 70 y 80 por ciento de la población en edad. Para ello consideramos indispensable hacer del nivel medio superior (bachillerato) parte de la educación básica. Esto es, extender la obligatoriedad hasta este nivel.
  • Las opciones técnico superiores necesitan expandirse para complementar las opciones de educación superior.
  • Y la educación universitaria estar en condiciones de crecer en todas sus modalidades hasta dar cabida al porcentaje que se estime pertinente corresponde a ella en el proceso de absorción de la demanda.

Esto quiere decir que las modificaciones para acercarse a los niveles de cobertura que el país requiere no son sólo resultado de decisiones de política educativa y transformaciones que puedan adoptarse sencilla y rápidamente. Los cambios requeridos son de estructura, de funcionamiento, de operación, de transformación del sistema en su conjunto. Cambios que operan en el largo plazo, pero que tienen que ser instrumentados desde ya y a los que requiere darse seguimiento constante y cercano.Tienen que evaluarse permanentemente y asegurar que los cambios se realizan y que los resultados se dirigen en la dirección deseada.

¿Y el financiamiento? Esta no debe fijarse como una variable independiente. Esto es, debe establecerse en función de los requerimientos del sistema.No al revés. Sobre todo, cuando las condiciones de distribución del ingreso son en gran medida responsables de que el flujo educativo se detenga bruscamente en el nivel básico.

Es mundialmente aceptado que la variable más importante en el mundo hoy día para asegurar impulsar crecimiento, desarrollo, competitividad de un país es la educación. Se le llama la variable crítica de inversión de un país.Nuestras condiciones cuantitativas y cualitativas en la educación no estarán ajenas a la marcha hacia atrás que este país ha seguido en tiempos recientes. ¿Es posible lograr cambios importantes y sostenidos de recuperación de competitividad sin cambiar radicalmente las condiciones del sistema educativo?


 

TABLA 1
TABLA 2

 

GRAFICO 1
GRAFICO 2
GRAFICO 3

 

 
   
Copyright © 2008 Paedagogium.com. Reservados todos los derechos.