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Diversitas

 

El Papel del Pedagogo en el Desarrollo y Atención de los Adultos Mayores

 
Samaniego

 

El paulatino incremento de la esperanza de vida ha repercutido con un aumento significativo de la población de los sujetos mayores de 65 años, (4.9 % más en el 2000, censo INEGI) a quienes no se les considera, en general, personas productivas, dado la involución de sus capacidades, lo que implica que éstos dependan de la población económicamente activa, por lo que la situación que vive el anciano es precaria y será aún más en la medida en que aumenten los índices del envejecimiento de la población.

Otro factor a considerar es la composición familiar, la cual ha ido cambiando y cada vez más se observa que las familias se constituyen como familias nucleares, lo que implica una menor atención y cuidado de los adultos mayores.

Sin duda, todos estos cambios demográficos tendrán profundas implicaciones en el futuro de las políticas y servicios de salud, bienestar y calidad de vida de toda la población, pero con mayor razón en los grupos de riesgo o marginados, como es el caso de los adultos mayores.

Por otro lado, si la sociedad y los gobiernos estiman que todos los adultos mayores son incapaces de contribuir al dinamismo de la sociedad, el panorama se percibe como un grave problema. Pero si pensamos que también ellos representan una fuente de saber y experiencia, que la sociedad lo puede aprovechar, si se le da el valor de su participación y si se le inserta en el trabajo productivo, entonces se podrá hacer frente a las demandas de esta población. Incluso ya ahora su contribución es digna de ser mencionada: como apoyo en la familia, para actividades que los adultos no pueden realizar en el hogar, dado su carga laboral; también se les ve actuar en el trabajo voluntario que algunos de ellos realizan dentro de la red social, siendo útiles a sus coetáneos y a la sociedad en general. Por lo tanto su labor debería de ser debidamente apreciada y fomentada. La atención de las personas de la tercera edad, más que pensarse como un problema, debe verse como un desafío, donde es necesaria la creatividad para diseñar intervenciones y estrategias para actuar desde las instituciones y promover dentro de la sociedad misma, acciones para hacer frente a los cambios que se producen por el aumento demográfico de los adultos mayores, donde el concepto de jubilación debe tener un cambio, desde varias perspectivas.

Calidad de vida y bienestar subjetivo
Se trata no sólo de añadir años a la vida, sino también añadir vida a los años.

La calidad de vida se puede enmarcar en cuatro áreas o subsistemas:

  • La biológica que tiene que ver directamente con el sustrato somático: los alimentos que se consumen, el ejercicio físico, los diferentes tipos de respiración, etc.
  • La psicológica relacionada conaspectos subjetivos: la estructuración de la realidad, creencias, pensamientos objetivos o irracionales, manejo del estrés, sensibilidad del sujeto, formas de enfrentamiento ante las crisis, relaciones afectivas, emociones, valores, pensamientos, vínculos significativos, etc.
  • La social que tiene relación con la calidad de las relaciones que se establecen con los demás, lograr sentimientos de intimidad, dar y recibir apoyo, ya sea afectivo,material o de información y guía; habilidades interpersonales para saber entender o dirigir los mensajes manifiestos o encubiertos, las sutilezas, etc.; en suma, poder manejar los componentes que hay en la percepción e interacción social.
  • La calidad ambiental y contacto con la naturaleza, la cual tiene que ver con la interacción con el mundo natural, ya sea de forma contemplativa o interactiva, lo que tiene consecuencias tranquilizadoras, disminuyendo la activación simpático – tónica, permitiéndole al hombre recuperarse de situaciones estresantes. Además elimina el aburrimiento ya que estimula el asombro y la curiosidad. En general la naturaleza despierta o promueve en el ser humano un sin fin de sentimientos reconfortantes y placenteros, por lo que es un colaborador en nuestra calidad de vida.

Estos cuatro subsistemas tienen una interdependencia y se afectan entre sí, por ejemplo, podemos generar comportamientos para mejorar nuestra salud física o bien nuestras emociones y creencias inciden en nuestra bioquímica que determinan el correcto o incorrecto curso de los procesos biológicos: También las pautas de comunicación familiar y social afectan nuestra salud presente y futura, y el ambiente físico puede alterar nuestro bienestar.Todo ello representa un sistema permanente de cambio.

El bienestar es un estado y un proceso que se construye de forma personal (subjetiva) e interactiva.Dentro de un enfoque holístico y sistémico, el cambio de un subsistema incide invariablemente en los demás y por ende en la totalidad individuoambiente.

Para lograr una calidad de vida, es indispensable la participación activa del sujeto en la búsqueda de respuestas óptimas ante los cambios o desequilibrios del sistema, por lo que es necesario proporcionar a la población información y estrategias para el mejoramiento de su calidad de vida, las cuales deben estar dirigidas a fortalecer o modificar los procesos adaptativos-integrativos.

Es aquí donde los profesionales de la educación pueden intervenir ya sea para establecer nuevas pautas de comportamiento en las personas o para obtener cambios significativos para mejorar su calidad de vida.

Aunque sabemos que existen limitaciones por las carencias económicas y por la resistencia al cambio de las personas, la capacidad de aprendizaje que tiene todo ser humano, así como la necesidad de nuevas respuestas ante las rupturas del equilibrio, hacen posible una práctica educativa.

Como veíamos, la calidad de vida es un concepto multidimensional que tiene aspectos objetivos y subjetivos; dentro de estos últimos se encuentra también la percepción que tiene el sujeto ante su propia vida, con relación a esa calidad de vida.

Esa autopercepción del bienestar en las personas ha sido estudiada bajo el concepto de “bienestar subjetivo” y existe acuerdo entre los investigadores que éste se conforma por un componente afectivo y otro cognoscitivo. El primero tiene que ver con un balance de los afectos, con preponderancia de los positivos o emociones positivas: alegría, felicidad, paz, armonía, tranquilidad, optimismo, pasión, amor, entusiasmo, etc, y el segundo con la sensación de la satisfacción de la vida, es decir, que la persona se sienta satisfecha con su vida durante todo el ciclo vital.

Para que el adulto mayor se perciba satisfecho respecto a su vida, debe contar con suficientes recursos de enfrentamiento eficaz, ante los eventos de cambio propios de cada etapa de desarrollo, para que pueda seguir participando dentro de la comunidad, desarrollando factores protectores o habilidades personales para hacer frente a ellos.

Dentro de este campo de estudio, es reconocido que “el bienestar subjetivo” está asociado a un envejecimiento más saludable (García, 1997), y se considera sinónimo de felicidad, fortaleza del ego, de ajuste e integración social (Veerhovn, 1991, cit. en Anguas, 1997).

Tomando en cuenta la importancia que tienen el componente afectivo y el enfrentamiento eficaz ante los problemas de cambio y estrés, dentro del “bienestar subjetivo”. A continuación exponemos, como vía de proporcionar afecto y mejor calidad de vida al anciano, el apoyo social y la resiliencia.

El apoyo social y la intervención comunitaria
La conducta ante situaciones de estrés, tanto de animales como de seres humanos, ya ha sido ampliamente estudiada, encontrando que ante dichas situaciones, invariablemente los sujetos buscan la proximidad y ayuda de sus semejantes. Esa cercanía en el hombre va acompañada de una liga afectiva, de apoyo y de información acerca de la situación estresante, lo que permite reducir la incertidumbre, ayuda a validar las propias reacciones, al compartir la misma situación problemática; repercutiendo todo esto positivamente para hacer frente, de forma eficaz, a dicha situación y reduciendo los efectos negativos del estrés.

Pero no fue sino hasta los años 70 que se le vuelve a dar importancia al efecto del apoyo social para el desarrollo del hombre con los trabajos de Jonh Cassel (1974) y Gerald Caplan (1974), sobre los efectos protectores en la salud física y mental de los vínculos sociales con los grupos primarios. Desde entonces, la influencia del apoyo social es motivo de gran interés en la intervención de ayuda profesional y comunitaria.

Sin duda, hoy en día, un gran número de investigadores en diferentes disciplinas como la psicología, pedagogía, psiquiatría, sociología, epidemiología, trabajo social, etc., están de acuerdo en la importancia del papel que juega dicho apoyo, en cualquier intervención social y comunitaria.

Lin y Ensel (1989) definen el apoyo social “como el proceso por el cual los recursos en la estructura social (comunidad, redes sociales y relaciones íntimas) permiten satisfacer necesidades en situaciones cotidianas y de crisis”.

El apoyo social se refiere a las funciones que desempeña esa red social y sus efectos en el bienestar o satisfacción de necesidades.

Se pueden dividir en:

  • Apoyo emocional (de afiliación, sentirse amado o aceptado por los demás, ser valorado, compartir sentimientos o problemas, etc).
  • Apoyo instrumental (conseguir objetivos o metas, ayuda práctica y tangible),
  • Apoyo de información, consejo, orientación o guía.

Dentro del apoyo social, podemos identifica tres niveles de interacción: el más externo y general lo representan las relaciones que se establecen en la comunidad, después en un término medio estarían las redes sociales, donde se puede contar con un número relativamente amplio de personas, como los amigos, algunos familiares o compañeros del campo laboral y por último, el más central y significativo contacto lo representan la familia o personas que establecen un grado de afecto cercano, donde se dan relaciones intimas y de confianza.

Apoyo social en la tercera edad
El apoyo social del anciano mexicano está integrado por la familia, los parientes, los amigos y el vecindario.

En México, la familia sigue siendo la fuente de ayuda y apoyo más importante para la población anciana más dependiente y necesitada. Sus lazos afectivos promueven sentimientos de obligación para con sus viejos. Aunque dentro de las zonas urbanas e industriales más pobladas este apoyo ha venido debilitándose y aún mas, deteriorándose. Si el vinculo familiar es afectuoso, el anciano se siente amado y esto funciona como una protección contra la depresión al mitigar sus pérdidas afectivas, contrarrestar sus limitaciones físicas y económicas y la reducción de sus relaciones sociales. Si se le hace patente el reconocimiento por lo que fue y sigue siendo, entonces la moral del sujeto mayor se eleva, se fortalece su identidad y el sentimiento de pertenencia lo prepara para una vida más sana.

Las amistades son otra fuente importante de apoyo para el anciano, tanto instrumental como emocional. La ayuda que se proporciona no es obligatoria y muchas veces se da en ambos sentidos, por lo que la relación es mutuamente satisfactoria y se reafirman la identidad y autoestima de ambas partes. El bienestar es recíproco, porque se contribuye al bienestar de los demás, lo que les confiere una sensación de estimación y valía.

Los vecinos también constituyen una fuente esencial de apoyo y ayuda, fundamentalmente para aquellos que han vivido durante largos períodos en el mismo vecindario. La presencia de esta red es un preeditor fundamental del nivel de autonomía y bienestar de una persona anciana. (Bowling, 1994)

En esta etapa de la vida, contar en la red social con una persona de confianza que esté disponible de forma cotidiana, se correlaciona con buena salud mental y física, con una moral elevada y en general se asocia con una sensación de bienestar. La relación funciona como un mecanismo protector reduciendo la ansiedad y tensión que producen las situaciones estresantes o cambios vitales.

Todos estos apoyos sociales constituyen una prevención del aislamiento social de las personas mayores, como un medio efectivo para mantener por más tiempo la capacidad funcional y promover un proceso de envejecimiento más saludable.

Por otro lado, la ayuda profesional que reciben los ancianos es muy valiosa, pero sólo llega a un número reducido de personas y seguramente la proporción de servidores/ destinatarios será cada vez más desproporcionada. Además los estudios sobre la atención del adulto mayor marcan diferencias entre los apoyos de las redes sociales y de los profesionales. En el siguiente cuadro sinóptico exponemos la comparación de estos dos tipos de apoyo.

Al presentar algunas de las características de estos dos tipos de intervención no se trata de negar el importante papel que juegan los profesionales, pero es necesario señalar que es insuficiente, por lo que los apoyos formales no pueden sustituir a las redes informales de apoyo. Sin embargo, cuando se han hecho programas conjuntos de ambos tipos de ayuda, se han encontrado problemas al interactuar e incluso se ha visto que puede ser contraproducente su integración Por lo que algunos teóricos y proveedores de servicios estiman que es mejor la coexistencia, mas que la interacción. Lo que puede ser mejor es una colaboración de los profesionales para con los grupos de ayuda y autoayuda, donde se les proporcione conocimientos y herramientas, para que puedan realizar mejor sus actividades, dejando que intervengan como hasta ahora lo hacen dentro de la red social.

Resilencia
Después de abordar el primer factor del “bienestar subjetivo”, con el tema del apoyo hacia los ancianos a través de las redes sociales, como una forma de satisfacer sus necesidades afectivas, ahora presentamos el enfoque de la resiliencia como una vía para promover un enfrentamiento eficaz ante las crisis y el estrés, tanto en el anciano como en las redes sociales, que lo sustentan.

Ante las situaciones de crisis o cambios importantes en la vida, no todos los sujetos tienen la capacidad para tener logros satisfactorios y menos aún exitosos, por ello consideramos que es necesario proporcionar, a la población anciana y a las redes sociales que apoyan su cuidado y desarrollo humano, la información y estrategias que le sirvan para dicho fin. Estimamos que el enfoque y tratamiento de la resiliencia puede ser una opción viable, dada su fácil comprensión y aplicación.

El vocablo resiliencia fue utilizado por primera vez, por Browlby en 1992, el cuál fue tomado de la física, y se puede defir como la elasticidad de un material y su tendencia a oponerse a la rotura por choque. Al aplicar el concepto dentro de la psicología se utiliza en sentido figurado, aplicándolo a la capacidad de algunos individuos como un resorte moral, cualidad de una persona que no se desanima y que no se deja abatir.Este término se puede vincular con “fuerza emocional” o “entereza”.

Walsh Froma (2004, p. 26), dice que la resiliencia es “un proceso activo de resistencia, autocorrección y crecimiento como respuesta a la crisis y desafíos de la vida”.

Otros autores (Michel Manciaux, et. al 2003, p. 22), la definen como “la capacidad de una persona o de un grupo para desarrollarse bien, para seguir proyectándose en el futuro a pesar de acontecimientos desestabilizadores, de condiciones de vida difíciles y de traumas a veces graves”.

Tomando en cuenta las dos definiciones anteriores, podemos afirmar que se trata de un proceso activo de resistencia, autocorrección y crecimiento como respuesta a las crisis de la vida y que la persona además de recobrarse de esa adversidad, queda fortalecida y con mayores recursos, para enfrentarse a nuevas situaciones.

Es decir que, al desarrollar la resiliencia, tanto en el plano interno del individuo como interpersonal, se integra la identidad individual y colectiva y esto hace que de ahí en adelante la forma de afrontar la vida cambie. La resiliencia se forja a causa de una crisis, es producto de la interacción de factores de riesgo y de factores de protección, no es un estado de la persona.De esa crisis sacamos lo mejor de nosotros mismos. Es importante señalar que la resiliencia puede desarrollarse en cualquier edad o etapa de la vida, por lo tanto puede estar presente en el adulto mayor.

Se han identificado algunos factores que deben de estar presentes para que pueda ser construida la resiliencia:

En primer lugar se identifica el papel que juega la aceptación fundamental e incondicional de un semejante. Esa aceptación incondicional puede constatarse diariamente.Todo ser humano necesita del amor y el amor significa la aceptación profunda de la persona, el reconocimiento de que es importante su existencia y que tiene un lugar dentro de la comunidad.

La calidad y la sinceridad del que escucha es otro factor importante; èste puede ser un familiar, un buen amigo o vecino, que representen un sostén eficaz.

Se debe contar con relaciones que persistan más allá de las contingencias de la vida social y económica. Dar tiempo es dar vida, es reconocer que existe,
es darle importancia y darle un poco de nuestra propia vida.

Para concluir, planteamos que el país tiene un desafío ante el incremento de la población mayor de 65 años, por lo tanto las instituciones gubernamentales y privadas, así como los profesionales y la población en general tendrán que participar para poder resolver los problemas que se presenten.

Definitivamente la acción directa de los profesionales no es suficiente, dado el incremento de adultos mayores que hay y habrá en los próximos años. Además el profesional no puede estar cotidianamente en diferentes situaciones de su vida, pero es menester que los diferentes profesionales involucrados en la atención al adulto mayor estén preparados para desarrollar nuevas funciones y tengan la visión para trabajar con y para las redes sociales.

Lo anterior nos lleva a reconocer y reafirmar los recursos de las redes sociales fundamentalmente a la familia, para intervenir ante los sucesos desequilibrantes o las crisis del adulto mayor, con fines preventivos y remediales.
Concretamente el profesional de la educación deberá contar con nuevos conocimientos y estrategias de acción, para poder trabajar al lado de las redes sociales en acciones que sirvan para intervenir con eficiencia y eficacia en la integración de dichas redes y para contribuir a través de ellas en el desarrollo y soporte de las personas de la tercera edad. Para ello debe partir de la importancia de la búsqueda y logro de “la calidad de vida” y del “bienestar subjetivo”, tomando en cuenta el potencial del adulto mayor, para que pueda permanecer productivo por un tiempo mayor del que hasta ahora se le concede, así como el desarrollo de las redes sociales que le protegen y le proporcionan afecto, poniendo énfasis en la familia. Para ello se deberá desarrollar una relación concertada entre profesionales y las redes sociales, para transmitirles información, asesoría y/o capacitación para que la familia y los voluntarios de las redes sociales puedan ser facilitadores de la resiliencia.

El trabajo del profesional de la educación en el terreno de la gerontología social es muy amplio y variado, sólo mencionamos de forma general las áreas de intervención.

1. Integración social del adulto mayor.
Desarrollar actividades de convivencia y trabajo entre generaciones donde se logre una mejor integración intergeneracional. Al respecto ya se tienen buenos resultados en otros países de trabajos intergeneracionales, donde los ancianos recuperan su alegría de vivir y vuelven a utilizar sus capacidades para integrarse a la sociedad.

2. Trabajo con adultos mayores.
Promoviendo el desarrollo de sus capacidades y conocimientos, para crear actividades donde pongan en juego su creatividad, para tener una fuente de ingreso, desarrollando proyectos e iniciativas para su propio beneficio, o como promotores de actividades recreativas o de temas que conozcan y puedan transmitir. También para ayudar a los ancianos más dependientes.Todo ello para mantenerlos productivos e integrados a la sociedad por más tiempo.

3. Con las familias.
Las familias tienen un capital de experiencia de habilidades y aptitudes y en muchos casos existe el interés de ayudar a otros en algo que ellas han experimentado y aprendido con gran esfuerzo y sufrimiento; sí se les motiva y prepara para proporcionar dicha experiencia se sentirán altamente reconocidas y su autoestima y valor humano será recompensado.

4. Grupos de ayuda y autoayuda.
Programas educativos para fortalecer la ayuda de las redes sociales, identificando, promoviendo y desarrollando grupos de autoayuda; una vez establecidos, proporcionarles información, orientación, asistencia técnica, capacitación y asesoría, para lograr mayor éxito en la intervención.

5. Apoyo en el vecindario.
Programas para voluntarios en general y para adultos mayores en buenas condiciones de salud que estén jubilados o con pocas horas de trabajo, (médicos, enfermeras, pedagogos, psicólogos, sociólogos, odontólogos, maestros, amas de casa, técnicos, artesanos, etc.), que puedan proporcionar ayuda a ancianos más dependientes, de forma cotidiana y continua en sus propios hogares, evitando su institucionalización.

6. Asociaciones de cuidadores de personas ancianas.
La educación de unidades de apoyo a las familias, para reducir la carga física y emocional que tienen que soportar como cuidadores constantes.

7. En asilos o casas de reposo.
Para que dejen de ser lugares donde los sujetos son olvidados y esperan pasivamente la muerte. Donde existen, pero a nadie les importa sus vivencias y se consumen con sus propias penas, sin poder compartirlas con alguien que les dé un lugar en la vida.

Como reflexión final planteamos que en lugar de pensar pesimistamente que para el año 2020 se tendrá un gran número de ancianos a los cuales difícilmente se les podrán satisfacer sus necesidades, podemos planear cómo educar y preparar a un gran número (2/3 partes) de esa población etarea (los más jóvenes y mejor conservados) para que puedan seguir siendo productivos, o proporcionar ayuda voluntaria a través de las diferentes modalidades existentes o incluso otras que surjan de acuerdo a los cambios sociales, la tecnología y la ciencia.

Esto podrá ser sólo sí las redes sociales de ayuda se fortalecen y se preparan para ello con eficiencia, para lo cual es necesario la intervención educativa.

Si logramos proporcionar una mejor calidad de vida a nuestros ancianos, les habremos dado nuestro reconocimiento y todo el afecto que se merecen, impidiendo que se cumpla el epitafio que yacía en una tumba: “ Me amarás cuando me haya ido”

 
   
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