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Desde el primer semestre de la licenciatura
en Historia a los estudiantes
se nos habla del gran Edmundo
O´Gorman. Los profesores mas jóvenes
lo elogian y admiran, los de más
edad se ufanan de haber tomado
alguna de sus cátedras y algunos
más afortunados cuentan anécdotas
personales del Maestro.
Los que somos mas jóvenes y no
contamos con el trato directo del
legendario profesor (creo que cómodamente
se le puede aplicar el adjetivo)
no nos queda más remedio que
acercarnos a su palabra escrita, lo
cual, dicho sea de paso no implica
un sacrificio. Así pues, este ensayo es
un recuento de las impresiones que
el viejo Maestro dejó marcadas en el
aprendiz, así como una reflexión de
este ultimo sobre la obra.
La invención de América probablemente
el texto con más renombre de
toda la obra de O´Gorman, es perfectamente
explicable atendiendo a las
siguientes tres razones:
Primero que nada, el Autor; la excelente
pluma de O´Gorman creó a lo
largo de los años una obra que lejos
de sentirse lejana e impersonal tiene
un estilo único cuya combinación
erudición, amenidad y su capacidad
de argumentar sólidamente sus teorías
atrapa al lector. La Invención de
América reúne todas las características
mencionadas.
En segundo lugar, este texto tiene
como base un tema apasionante, llamado
por la Historia Oficial
“Encuentro de Dos Mundos”. Pocos
temas, si alguno, tienen una trascendencia
tan grande para tantas personas.
No es gratuito que a lo largo de
los siglos se hayan empleado mares
de tinta en describirlo, historiarlo e
interpretarlo.
La tercera y fundamental razón es
que en este texto O´Gorman, usando
como herramientas una serie de lecturas
profundas y una lógica sólida
como roca nos devela poco a poco
una tesis francamente revolucionara,
a saber, que la aparición de América
en la cultura y mente europeas no
fue producto de la llegada de Colón
a costas americanas en Octubre de
1492, es decir, América no fue descubierta
sino que fue inventada es
decir, dotada de un ser.
El mal que está en la raíz de todo el
proceso histórico de la idea del descubrimiento
de América, consiste en que
se ha supuesto que ese trozo de materia
cósmica que ahora conocemos
como el continente americano ha sido
eso desde siempre, cuando en realidad
no lo ha sido sino a partir del momento
en que se le concedió esa significación.
De este modo, el libro se nos presenta
como un vuelco de un paradigma
arraigado muy hondo en la mente
tanto de los americanos como de los
europeos; en menos de doscientas
páginas O´Gorman nos muestra una
visión novedosa con una secuencia
lógica tan clara que dejará al lector
preguntándose ¿cómo no lo vi yo
antes?
O´Gorman a lo largo de todo el libro
nos ofrece argumentos a su favor de
una manera sistemática y coherente,
la estructura del libro es inmejorable,
no queda un sólo cabo por atar, no
hay un sólo tema que quede corto
de explicación, cada punto que pretende
probar lo hace apoyándose en
elementos sólidos y bien unidos. En
pocas palabras, es un libro armónico,
completo, no le falta ni le sobra una
coma para probar la teoría enunciada
al inicio.
Aquí no campea ni un providencialismo
religioso ni una teleología idealista,
porque no en vano nos ha enseñado
la experiencia que tales sabidurías
exceden los limites del entendimiento
(...) Se trata por consiguiente, de unas
descripciones, y hasta eso, harto
esquemáticas, como podrían ser las de
un biólogo que asomado al microscopio,
se conforma con comunicar sus
observaciones acerca de la manera en
que se reproduce, pongamos por caso,
un tejido vivo.
Esa coherencia que domina el libro
hace que la lectura sea muy fluida,
los argumentos corren frente a los
ojos del lector mientras se van
uniendo uno con el otro prácticamente
sin esfuerzo, es, si se me permite
el símil, como conectar los puntos
en una línea recta, de modo tal
que la conclusión se presenta diáfana
ante el lector.
Dicho todo lo anterior acerca de la
manera en la que está escrito el libro,
lo que es más relevante acerca de
este texto, lo que en mi opinión lo
convierte en un clásico instantáneo
es la solución misma a la que
O´Gorman llega tras su brillante análisis.
Al analizar (en la tercera parte) cuál
fue el proceso cronológico de la
Invención de América, el autor nos
muestra una cultura europea
desconcertada y asustada, las bases
de la certeza de su idea del mundo
tiemblan y amenazan con romperse
ante la aparición de unas tierras que
no fueron conocidas por los antiguos,
ni tan siquiera contempladas.
Si no se podía explicar esta “nueva”
parte del mundo a través de la Biblia,
que se considera palabra de Dios,
¿cómo es posible la existencia de
esta gente que no desciende de la
Pareja Original? ¿Dios mintió?
¿Mintió el Hombre?
Estas dudas crean una verdadera crisis,
es decir, tomando la acepción
médica de la palabra un “cambio
brusco en el curso de una enfermedad,
ya sea para mejorarse, ya para
agravarse el paciente.” Durante
esos años la idea europea del
mundo se pudo haber derrumbado
completamente tras la inconsistencia
de sus bases teológicas o, como en
efecto pasó, hacer un poco de lado la
interpretación antigua e “inventar” la
solución a esta incógnita.
Esto para O´Gorman representa “el
primer episodio de la liberación del
hombre de su antigua cárcel cósmica
y de su multisecular servidumbre e
impotencia, o si se prefiera, liberación
de una arcaica manera de concebirse
a si mismo que
ya había producido los frutos que
estaba destinada a producir”.
Aquí es donde el autor nos permite
ver la importancia de su cambio de
paradigma, aquí podemos ver la
distancia abismal que hay entre los
conceptos de “descubrimiento” e
“invención”. El concepto de descubrimiento
implica que la humanidad
estará siempre dotada de un ser a
priori, un ser dotado por una divinidad
que siempre permanecerá ignota,
implica dependencia.
Por otro lado, el concepto de
Invención dota a los hombres de la
capacidad de crear, de crear su propia
interpretación de la realidad,
cuando la a priori no lo satisface, es
decir, el hombre se vuelve poco a
poco su propio dios.
Esta interpretación abre una ventana
muy necesaria para los latinoamericanos
contemporáneos, que vivimos
en una ontología dependiente, ya
sea de la América sajona, como la
llama O´Gorman, que desde los últimos
doscientos años ha impuesto su
visión a la América Latina o de la
Europa que nos dominó por tanto
tiempo de manera física y aún arrastramos
cadenas interpretativas
como lo señalaba el autor:
Tan legítimo como noble anhelo (el
anhelo de la Independencia) no trascendió,
sin embargo, la original limitación,
porque si es cierto que el criollo
ensayó un nuevo Adán americano,
sólo logró constituirse en un tipo peculiar
de español, pero de español al fin y
al cabo.
De este modo, O´Gorman nos deja a
los latinoamericanos una tarea
importante, así como los europeos
hace quinientos años rompieron con
su marco ontológico, regido por una
divinidad eterna e inmutable, los latino
americanos debemos inventar
nuestro propio ser, que no esté supeditado
a nadie que no sea nosotros
mismos.Tarea titánica sin duda, pero
que cuenta con un primer paso muy
fuerte que es este libro.
Es por esto que pesar de que, como
dije arriba, esta es probablemente la
obra de mayor renombre en la opera
de O´Gorman, me parece que la difusión
con la que cuenta no le hace
justicia al tamaño e importancia de
la misma, si bien el hecho de que
esté editado por el Fondo de Cultura
Económica desde 1958 lo hace muy
asequible, creo que es necesario una
difusión aún mayor del texto,me
atrevería a decir: masificarlo; hacer
que cada estudiante mexicano contemple
la idea de que nuestro
Continente no fue descubierto por
Colón como lo fueron los bacilos por
Koch, sino inventado por seres
humanos.De este modo las nuevas
generaciones estarán mejor preparadas
para la tarea gigantesca que nos
ha sido encomendada.
Inventar América desde América.
Inventarnos.
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